21 abril 2016

Manuel Arenas Guerrero: un masón al servicio de Ubrique

 Por Eduardo Montagut 

Manuel Arenas Guerrero fue un destacado republicano, masón, próspero industrial y una de las figuras más sobresalientes de Ubrique en el pasado siglo XX.

Manuel Arenas Guerrero fue el último alcalde democrático de Ubrique (Cádiz) hasta el triunfo de la sublevación militar del 36. Arenas nació en Ubrique el 25 de julio de 1888. Su padre, Manuel Arenas Vinagre, había sido jefe del partido republicano local, concejal de esta minoría en el Ayuntamiento y miembro destacado de la logia masónica “América”.
Lideró a comienzos del siglo XX la oposición al sistema de la Restauración y al caciquismo en Ubrique. En 1901 publicaba en el periódico jerezano “La Unión Obrera” un artículo titulado “Carta a mi hijo” en el que invitaba a su descendiente a dirigir sus pasos “por el camino del bien humano”. Y así fue, porque Manuel Arenas quiso desde muy pronto seguir los pasos de su padre. En 1908 ingresó en la logia ubriqueña, pero apenas pudo desarrollar actividad masónica alguna puesto que sólo un mes más tarde decidía embarcarse hacia tierras americanas. Un año después fue declarado prófugo por las autoridades militares, con lo cual no podía pisar suelo español.

Cuando llegó a Buenos Aires solicitó la baja en el taller ubriqueño para ingresar en una logia argentina dependiente del Grande Oriente Español. Tras desempeñar varios trabajos consiguió un empleo como dependiente de comercio, la profesión que había tenido en Ubrique. Con el tiempo y en unión de su hermano Ángel, abrió una tienda de camisas. El negocio se fue ampliando con nuevas tiendas y llegó a abrir su propia fábrica. Fueron años de prosperidad económica. Además, allí conoció a la que sería su mujer, la francesa Luisa Duffour, y nació su hijo Manuel en 1917. Sin embargo, su sueño seguía siendo volver a Ubrique, donde el 16 de mayo de 1918 había muerto su padre.

Arenas obtuvo el indulto para poder regresar a España y sabemos que en los años veinte vino varias veces (una de ellas para comprar un molino en Ubrique) hasta que definitivamente se instaló en su localidad natal en el momento de la llegada de la Segunda República. Unas de sus primeras medidas, tras ponerse al frente de molino, fue bajar el precio del pan. Ello obligó a los demás industriales del sector a tener que hacer lo mismo y le granjeó ciertas enemistades dentro de ese gremio. Pero esta rebaja fue muy bien acogida por los obreros de la localidad. “El Americano”, como empezó ya a ser conocido en su pueblo, se ganó la estima de muchos. Solía también facilitar de una manera gratuita pan y aceite a las familias más humildes de la localidad. Se cuenta que en la puerta de su casa se formaba una cola de personas necesitadas.

Manuel Arenas comenzó a integrarse en la vida social, cultural y política de Ubrique. Fue elegido presidente de la Sociedad Cultural “La Biblioteca”. En política se inclinó por la causa de Izquierda Republicana. En 1934 fue elegido presidente del comité local del partido y participó activamente en la campaña electoral para las elecciones de 1936. Ocupó una concejalía en el Ayuntamiento por designación del gobierno después del triunfo del Frente Popular. Arenas fue elegido alcalde de Ubrique el 10 de julio de 1936 y representó a su localidad en la asamblea provincial de alcaldes que se celebró en Cádiz dos días después, donde coincidió con Blas Infante. La elección de Arenas fue un intento de apaciguar las tensiones políticas y religiosas que asolaban Ubrique, dado su conocido talante conciliador.

Cuando Ubrique fue tomado por los rebeldes fue detenido y torturado. En la madrugada del día 14 de agosto fue sacado del calabozo, junto con otros detenidos, entre los que se encontraba su hijo Manuel, y conducido a la localidad de Benaocaz. El hijo salvó la vida porque algunos vecinos consiguieron convencer a los ejecutores que se podía generar un conflicto diplomático si era fusilado porque era de nacionalidad argentina. Manuel Arenas Guerrero fue fusilado en esa madrugada en el cementerio de Benaocaz junto con otras 17 personas, y enterrado en una fosa común. Sus bienes fueron incautados; de hecho, además, tuvo que entregar antes de ser fusilado grandes sumas de dinero, al ser obligado a firmar documentos con los que se saquearon sus cuentas bancarias. Su viuda y su hijo salieron por Gibraltar rumbo a la Argentina. 

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