07 marzo 2016

Teorías conspirativas masónicas sobre la Revolución Francesa

 Por  Eduardo Montagut 

La Revolución Francesa ha sido un hecho fundamental en la Historia. Desde el primer momento surgieron diversos intentos de encontrar y analizar las causas de tal conmoción.

Una de las primeras teorías formuladas tuvo que ver con la idea de que los hilos revolucionarios habían sido movidos por la Masonería para perturbar y destruir el orden establecido. Los sectores más reaccionarios de la Iglesia y del Antiguo Régimen encontraron, de ese modo, una explicación acorde con sus intereses. En este trabajo intentaremos acercarnos al origen de estas teorías, basadas en el concepto de conspiración.

El principal teórico que achacó la Revolución a la Masonería fue el sacerdote jesuita francés Augustin Barruel (1741-1820). El religioso afirmó que la francmasonería estaba detrás de la Revolución en su libro, Memoria para servir a la Historia del Jacobinismo (1797-1799).

Otro de los defensores de esta teoría fue el erudito y profesor escocés John Robison (1739-1805), que llegó a las mismas conclusiones. Curiosamente, Robison era masón, pero denunció una conspiración masónica contra los poderes establecidos en Europa en una obra que publicó en 1797. Pero la teoría de Robison no era exactamente igual a la de Barruel, ya que, además de antimasónica era, también antijesuítica. Según el autor, los masones habían generado muchas de las disputas contra la religión cristiana pero los jesuitas habían participado en casi todas las disensiones e innovaciones condenables, especialmente desde que la Compañía fue disuelta en el siglo XVIII. Además, los jesuitas habían pretendido mantener su influencia por medio de la Masonería, una asociación que supuestamente tendría como único fin la destrucción de la religión y de los Estados europeos.

En España, el jesuita y filólogo Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809) publicó, al parecer, furtivamente en el año 1803, la obra Revolución religionaria y civil de los franceses en el año 1789: Sus causas morales y medios usados para efectuarla, aunque estaría redactada, al menos, desde 1794. El manuscrito se divulgó entre los antiguos jesuitas.  Por fin, en 1807 y ya en Madrid, se publicó la misma obra, aunque con un título diferente: Causas de la Revolución de Francia en el año 1789, y medios de que se han valido para efectuarla los enemigos de la Religión y del Estado. Hervás sostenía que las causas de la Revolución no eran económicas, sino que procedían del mundo de las ideas. El autor era admirador de la cultura francesa, pero disentía de forma radical de las ideas revolucionarias y conocía la obra crítica con la Revolución de Edmund Burke.

En relación con el manuscrito de 1794, el padre Luengo elogiaba la obra porque el autor intentaba probar que los “filósofos incrédulos y los herejes jansenistas, unidos entre sí, eran los verdaderos y únicos autores de la ruina de la religión y del trono de Francia”. En el mismo sentido, en la edición definitiva de 1807, Hervás afirmaba que estaba haciendo un gran servicio a la patria con su publicación.

Hervás explicaba en su obra el nacimiento de lo que denominaba la “fiera democrática” y de la libertad, considerada un “fruto abominable de las secta jansenista, filosófica y francmasónica”. La Masonería buscaría la destrucción del catolicismo y de las monarquías, a través de la difusión de las ideas de la libertad y la igualdad.

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