04 enero 2016

Algunas Reflexiones sobre el futuro de la Masonería de Progreso

  Por Elbio Laxalte Terra (Pte. Honor de CIMAS)  

“Al ejemplo de los iniciados a lo largo de la historia, una vez más, como masones de progreso, nos debemos una mirada lúcida.” 

Seguimos ofreciendo a nuestros lectores los trabajos del encuentro de la Masonería adogmática interamericana celebrado en Perú en Agosto del pasado año.  

Algunas reflexiones sobre el futuro de la Masonería de Progreso

Es con gran gusto que nuevamente tengo la oportunidad de estar presente en esta Asamblea de CIMAS (Confederación Interamericana de Masonería Simbólica), como lo he hecho ininterrumpidamente desde su fundación. Y reencontrarme con tantos Hermanos y Hermanas, algunos con los que hemos estado construyendo desde hace más de una década, este instrumento de unidad de la masonería universal y continental. Y con otros nuevos que nos acompañan también para seguir haciendo camino.

Entonces tenemos nuevamente la posibilidad de reencontrarnos en este espacio masónico del 8º Encuentro de CIMAS, y como tenemos costumbre cuando estamos entre nosotros, aprovechar también para desgranar nuestras reflexiones, intercambiar opiniones e irnos proyectándonos hacia el porvenir.
La masonería moderna, muy pronto, en escasos dos años, cumplirá tres siglos. Efectivamente, hace casi 300 años, el 24 de junio de 1717, con la creación de la Gran Logia de Londres, se envió un mensaje de tolerancia que fue la base fundamental y la referencia para la construcción del futuro de aquella época, porque sobre la tolerancia es que se construyeron las sociedades y la civilización democrática y los sistemas de libertades de los cuales hoy podemos legítimamente sentirnos satisfechos, a pesar de los claroscuros que de tanto en tanto nos han hecho asomarnos también a la tragedia.

Construir el ser humano, construir la sociedad fue la práctica que canalizaron a través de las redes masónicas, los influyentes personajes que destacaron en el Siglo de las Luces, en primer lugar Isaac Newton y la Real Sociedad Británica para la Ciencia. Desde las Constituciones de Anderson, había que trabajar para construir un ser humano nuevo, para un nuevo mundo, para un nuevo proyecto de civilización humana, basado en la Libertad y en la Igualdad. Y ello fue un gran combate, cuyo punto culminante, creo yo, fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.
En ese camino, la presencia de nuestros ancestros fue determinante para los enormes proyectos que se canalizaron en la Revolución independentista norteamericana, en la Revolución Francesa, en las luchas independentistas de nuestro continente, la caída de los regímenes políticos de derecho divino y la instauración de la repúblicas democráticas, en las separaciones de la Iglesia y el Estado y el avance de las libertades públicas, como los derechos de pensamiento, conciencia y expresión. La masonería contribuyó con pasos fundamentales hacia la liberación del individuo de sus frenos y prejuicios, para la construcción de un ser humano progresivamente autónomo y la construcción del ciudadano como el soberano de nuestros sistemas políticos democráticos y especialmente republicanos.
Obviamente, todo este bagaje enorme de contribuciones que ha canalizado nuestra Institución, no ha sido un camino lineal, sino igualmente lleno de dudas, de contradicciones, de claros y oscuros. Pero esto, ¿no está también en nuestra esencia, como nos señala el tapiz mosaico de nuestros Templos?
Las diversas épocas y las circunstancias complejas del devenir social, nos han presentado y presenta grandes retos, a los cuales debemos encontrar las adaptaciones necesarias. Y en esto consiste nuestra evolución, nuestro devenir. Y este debe ser hoy, el foco principal de nuestra reflexión. Porque, por vocación, nuestra Institución es abierta al futuro. Está abierta a un futuro a construir, porque el Arte Real es la sangre que corre por sus venas, porque el espíritu constructivo es lo que se encuentra en los genes de los masones. Y debo decirlo asimismo, aunque a veces no se den propiamente cuenta de ello...
Nuestro rol no es pensar en el pasado. Nuestro rol es conocer el pasado, para inspirarnos para el futuro. Nuestro rol es pensar el futuro, pues si no lo hacemos es cuando justamente estaremos yendo contra la esencia misma de nuestra vocación y de nuestra tradición masónica. Y esta advertencia la hago con total responsabilidad, pues la naturaleza del mundo presente es de tal complejidad para nosotros humanos, mortales comunes y corrientes, que muchas veces nos sentimos agobiados y con ganas de asilarnos en algún lugar perdido donde las inquietudes de nuestra época no nos alcancen. Pero esto es otra ilusión, pues estemos donde estemos no estaremos inmunes.
Por ello, hoy, cuando ya vamos avanzando en este siglo XXI, en este tercer milenio, es un ejercicio estratégico también intentar respondernos y responder a la pregunta de cuál es la misión de la francmasonería en esta época que estamos transitando.
Y creo que esta pregunta es aún más válida, porque ella es a la vez existencial como de una ardiente actualidad en el mundo que nos toca vivir.
Quienes como yo hemos nacido justo en la mitad del siglo XX, conocemos algunos pensamientos globales, que se caracterizaron por sus certezas, por un discurso unificador, englobante y omnímodo. Fueron modelos de pensamiento que unos y otros abrazamos, dieron consistencia a nuestros pensamientos, nos permitían tener certezas y explicar el mundo.
Pero ahora, ya avanzado tres lustros de este siglo XXI, pareciera que estamos en una situación bastante diferente. Nos encontramos frente a tantos cambios de registros, que pareciera que las palabras y los conceptos otrora válidos, han perdido gran parte de su valor semántico y su significado.
Los diversos discursos que intentaban argumentativamente explicar el mundo, a través de sus respectivos prismas, aparecen hoy como debilitados y su vigencia cuestionados; todo hace sentir que ya no tienen razón de existir.
Muchos de los que me están escuchando, comprenderán fácilmente, cuando les digo que la palabra hoy ya no tiene el sentido tradicional, y que está perdida, no ya en un sentido metafórico, sino en la realidad, y que la profusión de diccionarios, aun en línea para hacernos la tarea más liviana, no llegan a tapar el tremendo agujero conceptual existente.
La realidad hoy, nos indica asimismo que las certezas ya no existen, al menos como antes, a partir, predominantemente, de un discurso argumentativo, es decir, racional.
Lo grave es que, cuando hay confusión conceptual, como la que a mi criterio estamos presenciando, estamos poniendo en evidencia la debilidad de nuestras células del pensamiento, que justamente son los conceptos. Y cuando los conceptos se debilitan, lo que se pone en cuestión es nuestra propia identidad, pues ésta se construye a partir de una matriz de pensamiento conceptual que todos y cada uno de nosotros posee. Y, naturalmente, cuando se debilita la matriz conceptual individual, también sucede lo mismo, aunque de manera exponencial, en el colectivo social. Lo que aquí sucede es que estamos entonces frente a una pérdida de inteligencia colectiva. Y, cuando se pierde la inteligencia colectiva, la sociedad pasa a ser presa fácil de los dogmas, los fanatismos, la intolerancia y finalmente la consecuencia última y motora del dogma: la violencia.
Como señalábamos más arriba, la tradición masónica moderna, cuyo documento de base fueron las llamadas Constituciones de Anderson, ponían el acento en agrupar a los hombres probos y honestos, para que más allá de sus creencias particulares pudieran de manera tolerante, convivir socialmente.
Todo un programa de transformación social para su época. Se trataba de construir al Hombre para construir la sociedad.
Esa construcción se fue yuxtaponiendo con los fenómenos sociales y políticos de la época, interactuando con ellos, dando lugar a la construcción de nuevos conceptos. Para comenzar, los de Libertad, Igualdad y Fraternidad, como idealidad humana. Se trataba de construir el Templo de la Humanidad. Pero más tarde, se incorporaron los de democracia, república, ciudadanía y laicidad, como manera de hacer realidad aquellos ideales.
La masonería, así, se fue transformando en un gran Taller de ideas, que nutrían a los masones para actuar en la sociedad, llevando adelante sus grandes ideales.
Es así que ese ideal humanista, se fue impulsando en actuaciones concretas, en el tiempo y en el espacio, fomentándose los Estados Nacionales, los Estados de Derecho, las Democracias y las Repúblicas. La masonería en general, hizo un gran esfuerzo en formar en sus Logias, líderes políticos y sociales; formando ciudadanos capacitados por una práctica que les permitía ponerse al frente del entramado institucional de las democracias.
Toda esa acción masónica tenía un gran objetivo: construir civilización, hasta donde se pudiera, sabiendo que siempre hay evolución, que puede haber retrocesos, pero que siempre hay que construir y reconstruir la centralidad humana.
Pero, ¿qué es construir civilización? Es esencialmente, y de manera esquemática, construir los lazos que más allá de las diferencias, nos hagan reconocernos entre nosotros como seres humanos compartiendo los elementos culturales, éticos y morales capaces de dar cohesión al conjunto, a través de un conjunto de reglas, compartiendo una comunidad de destino, basada en valores y deberes comunes.
Entonces hoy, frente a los cambios enormes que vivimos con la mundialización del mercado y de su lógica, con la introducción masiva de las tecnologías de la comunicación y la información, las tendencias nefastas del llamado multiculturalismo que es la bandeja ideológica del vale todo, el repliegue cada vez más sustantivo en la vida privada, el retorno a una tendencia contraria al deseo de universalismo, manifestada por fenómenos cada vez más pronunciados de comunitarismos, integrismos y tribalismos, la tendencia a la utilización de cualquier medio, lícito o no, para imponerse y obtener o tener resultados, la constatación de la crisis de los valores que nos sustentan, parece claro que estamos en el fin de una época, y en la crisis que anuncia una nueva etapa. Por ello nos urge encarar el estudio del futuro, y del cual es nuestra misión en el mismo.
Hoy vivimos una época donde “hay mundialización de los objetos y trivialización de los sujetos” señalaba el intelectual francés Regis Debray hace unos años. Yo añadiría, que ahora también estamos entrando abruptamente en la etapa de la cosificación de los sujetos.
La Humanidad entera está transitando entonces hacia esa nueva etapa, que como toda cosa histórica no es algo de días, ni siquiera de algunos años.
Estamos frente a movimientos económicos, políticos, sociales, demográficos, culturales y valóricos de tal envergadura, y con tal complejidad, que solo se resolverán en décadas. Y no sabemos hoy, hacia qué dirección se resolverán.
Hay varias tendencias en desarrollo, algunas negativas para el desarrollo humano, y hay también oportunidades. Como siempre ha sucedido en la historia. Pero sí podemos decir que todas esas tendencias están presentes hoy y aquí, y que al tiempo, no hay certezas claras de hacia dónde vamos.
Entonces, al ejemplo de los iniciados a lo largo de la historia, una vez más, como masones de progreso, nos debemos una mirada lúcida. Lo único que no podemos hacer es esconder la cabeza frente a las inclemencias. Estamos en una época de crisis a escala planetaria. Esta se irá acentuando, sin dudas.
Pero asimismo estamos frente a grandes oportunidades de cambio, hacia un sentido humano y de progreso en todos los órdenes. Una característica tiene nuestra Institución masónica universal, es que ella se proyecta cargando siempre con sus tradiciones, recuerdos y enseñanzas.
Pero la Masonería de Progreso que encarnamos, señala además que la tradición no es un ancla que nos amarra, sino una muy fuerte referencia que nos impulsa. Es una continuidad de una historia que empezó antes que nosotros, y que nosotros debemos dejar para quienes nos seguirán. Pero una continuidad dinámica, adaptada a las nuevas épocas y nuevas situaciones.
CIMAS, desde su fundación en el 2002, siempre tuvo claro que representaba una vertiente de progreso en el contexto masónico. Ella nunca se planteó ser un factor de unidad sin principios, un “rejuntatodo”. Nunca cayó en el absurdo de pensar que sería más fuerte porque tuviera más cantidad de integrantes. Ella se planteó siempre la calidad y agrupar voluntades para un proyecto expresado en su Declaración de Principios.
Esta es su fortaleza, y lo que la hace apta para mirar el futuro, justamente. No es una aspiración cuantitativa, meramente política, por más que pueda hablarse de política masónica, algo que personalmente no me gusta.
CIMAS se planteó desde su origen ser un factor de aglutinar voluntades basadas en un pensamiento que manifiesta su oposición a toda opresión espiritual, ideológica, intelectual y política. Y sus más nobles objetivos la llevan a promover y defender la Paz, la Libertad, los Derechos Humanos y Ciudadanos, la Laicidad y la Libertad Absoluta de Conciencia. Promueve la amistad entre los pueblos, el cosmopolitismo y la Integración del Continente Americano.
Su Declaración de Principios señala que guiada por el espíritu de fraternidad y solidaridad humana, CIMAS está comprometida en fomentar la tolerancia y el pluralismo, y un orden social que proteja la dignidad, la justicia social, las libertades individuales, los derechos fundamentales y el Estado de Derecho; y una democracia integral que comprenda lo político y lo económico. En particular, lucha contra toda forma de discriminación, sea por razones étnicas, de género, de identidad sexual, cultural o cualquier otro propósito que atente contra la dignidad humana.
CIMAS nunca ha ocultado que se ve a sí misma como una entidad que pretende impulsar los necesarios cambios en nuestra antigua Institución Masónica, a los efectos de abrir cauces a una masonería más adaptada a los tiempos actuales, capaz de comprender los rumbos actuales de la civilización para vigilar su desarrollo y proponer e impulsar todas aquellas cosas que signifiquen una centralidad humanista, de manera de construir una Humanidad más justa, más libre, más fraterna, más inteligente y más espiritual. Por lo tanto, es también un proyecto de renovación masónica. Y es sobre estas bases que integra a nuevos miembros: unidad para impulsar un proyecto, unidad para la renovación masónica.
Este proyecto encara los tres aspectos del trabajo masónico como una totalidad: el iniciático, el intelectual, y el cívico, concibiendo un accionar masónico en todos los terrenos de la vida humana, desde el espiritual, pasando por el conocimiento para llegar a la liberación personal, social y humana en su más amplia acepción.
Estamos frente a la posibilidad cierta de construir una nueva civilización humana, como una utopía realizable. Estudiar el presente debe servirnos para desgajar ciertas enseñanzas, que nos permitan avanzar hacia ese futuro deseable; aun sabiendo que también puede ocurrir lo peor, pero que si no nos resistimos a lo peor, tampoco habrá futuro humano vivible. Se trata entonces, para los masones de progreso de hoy, de comenzar a construir la civilización del futuro. Esta es la gran misión de la masonería de progreso en estos comienzos del siglo XXI. Esta, y no otra tarea, es una centralidad, y todo otro tipo de acción masónica tendrá significación si ella va en el sentido y se articula con este objetivo superior. Es la gran tarea que una entidad como CIMAS debe liderar para nuestro continente.
Es entonces en este contexto que toman toda su dimensión la Declaración de Principios de CIMAS, pues ella es una guía fundamental para el pensamiento masónico y para inspirar nuestro accionar.
Sin embargo, es necesario también pasar revista a nuestras debilidades, pues, un proyecto de renovación masónica y de construcción del futuro necesita ver cuáles son las cosas que debemos cambiar, porque justamente eliminando nuestras debilidades y potenciando nuestras fortalezas es que estaremos más aptos para hacer frente a esa inmensa como desafiante tarea.
Por supuesto, que frente a estos casos, hay que delinear las grandes tendencias, y muchas veces pasa por alto los detalles o matices. Pero, el hecho de ver las grandes tendencias también tiene la ventaja de hacer resaltar lo principal y no quedarnos justificados en lo accesorio.
Mucho se ha hablado y debatido, que la masonería universal se encuentra en un fuerte proceso de cambio. En alguna oportunidad hemos dicho que ese proceso es similar al ocurrido a principios del siglo 18. En aquel momento había una masonería que estaba declinando lentamente, pues la época le estaba pasando por arriba y ella tenía enormes dificultades de adaptación. Y la época hizo surgir una nueva masonería que ya anidaba en la antigua entre los “masones aceptados”, en la última mitad del siglo 17, y que fue la protagonista de los cambios ocurridos en Londres en 1717 con la aparición de la masonería moderna.
No deseo abundar, pues no está cabalmente en los propósitos de este trazado. Pero si delinear algunas de estas grandes tendencias que frenan o impiden el despliegue de nuestra institución, en particular para ponerla de cara al futuro. Y lo hago de manera aleatoria, sin jerarquizar una lista.
1) Hace más de 60 años que no hay nada relevante que provenga de iniciativa masónica a nivel universal. Lo último fue de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo el mundo ha cambiado dramáticamente. Por ejemplo, hay una gran incomodidad masónica para hacer frente a los temas de la gobernanza mundial, y más aún, hablar de un gobierno mundial.
2) Los ideales éticos de la masonería, como la solidaridad, la dignidad de las personas, la tolerancia, la beneficencia, la libertad de conciencia, etc. hoy en general, han sido tomados por las sociedades democráticas occidentales, y son una aspiración en muchos lugares del mundo. Aún hay combates inspirados en esos ideales. Es bueno que la masonería los recuerde y sea una especie de conciencia ética. Pero, mientras tanto, nuevos problemas han surgido, y no hay una respuesta desde nuestra Institución, y son raras las preocupaciones institucionales al respecto.
Solo para mención, tenemos la ingeniería genética, la neurobiología, la clonación, la manipulación de células madres, los organismos cibernéticos, la inteligencia artificial y la robótica con capacidad autónoma de decisión...tantos elementos que necesitarían de una puesta al día ética de nuestra institución, pero que se hace esperar.
3) La masonería se ha preocupado esencialmente del lugar del ser humano en la sociedad, y ha trabajado enormemente por colocarlo en un sitio de dignidad, tanto en el campo de los derechos políticos como sociales. Muchos masones remarcables han entregado lo mejor de sí por la defensa y promoción de las personas. Sin embargo, hoy nuevas problemáticas ponen al ser humano como un elemento de la naturaleza, un elemento en un sistema universal. Entonces tenemos las dimensiones climatológicas, ambientales, la biodiversidad, los temas energéticos, la superpoblación, la sustentabilidad de la vida en el planeta. Los modelos de desarrollo. Tantas cosas, cuyos estudios aun balbucean en nuestra institución, sin que se les tome como temas centrales.
4) El tema de la mujer. No voy a ahondar, pero es insoportable que hoy, en pleno siglo XXI los masones sigan debatiendo acerca del carácter iniciable o no de la mujer, si debe o no integrar la institución masónica y en qué carácter, si entre mujeres, o mixto, si hay o no visitas, etc. ¡Qué gasto de energía absolutamente inconducente y que falta de respeto a los derechos humanos!
En realidad frente a esos cuestionamientos y debates, muchas veces me pregunto si la masonería aún tiene un futuro posible...
5) La espiritualidad cristalizada. La masonería tradicional avanzó en su descatolización, incluso descristianización a través de la fórmula Gran Arquitecto del Universo, que era solo un subterfugio simbólico para religar los partidarios de los cultos monoteístas. Hoy el mundo avanza a una espiritualidad felizmente plural, y en muchos casos sin dioses. Hoy las personas descubren fuentes espirituales diversas no necesariamente ligadas a un culto o religión positiva. Incluso la inmensa mayoría de las personas están de acuerdo que existe una espiritualidad atea, y que la espiritualidad no está de ninguna manera atada a una religión. Sin embargo una buena parte de la masonería se cree capacitada para dictar condicionamientos al respecto, y en vez de abrirse a la espiritualidad plural, fuente de enorme riqueza, se cierra en una concepción estrecha, cristalizada y sin ningún porvenir, porque la vida pasa por otro lado.
6) Y, una situación institucional preocupante: fragmentación excesiva, la cada vez menor retención de miembros, la falta de estudio en las logias y en las obediencias, el encierro místico, la transformación de las logias en clubes de amigos o de negocios, etc. La cada vez mayor distancia entre la masonería y la academia: cada vez son menos los intelectuales que están en nuestras columnas, lo mismo que los miembros del sistema político. Y está empezando a pasar asimismo con los miembros del sistema asociativo civil, que hacen cada vez menor el nexo entre ambos sistemas. Y con esto, lo que digo es que estamos quedando sin correas de trasmisión entre los ideales de nuestro Templo y la Sociedad. Nos estamos encerrando cada vez más, y esto nos aleja naturalmente del mundo al cual debemos construir. Y todo esto sin mencionar las famosas regularidades masónicas a lo que se suma ahora el llamado de la masonería inglesa a protagonizar una guerra contra la llamada irregularidad. Un absurdo.
Este panorama, entonces, es el que representa las debilidades actuales de nuestra Institución. Esto no quiere decir que aquí, allá, y más allá aun, no se hagan cosas muy interesantes, que se convoquen reflexiones altamente removedores y no complacientes. Hay un inconformismo en nuestra institución que se desarrolla de manera muy masónica, con franqueza, en el respeto y en la fraternidad, pero que desea avanzar contra las fuerzas del bloqueo y del statu quo. En lo que aún tenemos déficit es en poner en tensión y en conexión esas iniciativas, esa manera de mirar lejos, con amplitud y altura los nuevos horizontes humanos, para ahora si poner en tensión la visión hacia el futuro.
Y ahora bien, volviendo al presente, ¿qué hacer en el aquí y ahora?  ¿Qué cosas podemos hacer, para avanzar en esa dirección? Inspirados justamente en nuestros Principios Fundamentales de CIMAS, es que voy a dar una lista sin orden jerárquicos ni temporales. Solo cosas sobre las cuales podemos y debemos insistir y poner nuestro empeño en defender donde sea atacada y realizar donde se pueda, porque ellas son justamente las portadoras de futuro:
1) Potenciar los ideales democráticos y republicanos. Estos ideales serán vapuleados y posiblemente debilitados, incluso de manera extrema. Pero son una aspiración universal. Hay que potenciar esta aspiración. No hay mejor manera que trabajar para el futuro que trabajar por la sustentabilidad de la democracia. No hay mejor manera que reforzar la democracia que inspirar ideales republicanos.
2) La laicidad. Es el complemento necesario para que se potencie la idea de la democracia. La democracia podrá ser útil a la humanidad, si es laica, es decir, si no está comprometida con ninguno de los poderes ideológicos o religiosos del mundo; sino no sería democracia. La gobernanza mundial es cada vez más una necesidad. De esto se habla poco, pero lo saben todos. Por ello cada quien intenta desde ahora, ubicarse en ese panorama de futuro. Al continuar trabajando a favor de los ideales laicos, estamos trabajando por una gobernanza mundial neutral de las influencias dogmáticas.
3) La definición y la búsqueda del bien común universal: Para la lógica del mercado, no hay nada que no sea posible transformar en una mercancía sometida a un precio y un beneficio. Potenciar algunas ideas, como por ejemplo que el aire, el Espacio, la Antártida, el Amazonas, la Tierra, el agua y la enseñanza básica, son bienes comunes y que no deben aplicarse a ellos la lógica mercantil, e intentar hacerlo conciencia pública, es una manera muy importante de luchar contra el desbocamiento de la lógica mercantil, y por un desarrollo sustentable.
4) Explorar el desarrollo de una economía que escape a las lógicas del mercado y del lucro. Hay muchas formas de crear conciencia de que es posible trabajar y desarrollar un sistema de vida altruista, sin caer en la lógica mercantil estrecha. Por ejemplo: estimulando los sistemas de microcrédito entre particulares cooperativizados. Estimulando los sistemas de trueque. Desarrollando las compras mayoristas cooperativas. Fomentando sistemas comunitarios de vida. Generar en donde sea posible una economía de la gratuidad basada en el interés general.
5) Generar conciencia de la necesidad de una educación gratuita y de calidad durante ciertas etapas de la vida a cargo de la comunidad, como un bien común.
6) Trabajar por la no violencia y la paz mundial.
7) Crear conciencia acerca de la necesidad de una gobernanza mundial. No puede haber globalización mercantil sin globalización política. La primera arrasará la segunda y se impondrá. Solo una gobernanza mundial democrática basada en el interés general, podrá poner ciertas regulaciones a un mercado sin límites.
8) Trabajar por el cuidado del medio ambiente, por evitar el cambio climático y por la explotación económica sustentable de la tierra.
9) Desarrollar una conciencia cosmopolita: el ser ciudadanos del mundo.
10) Formar hombres y mujeres nuevos: que desarrollen el inconformismo contra lo que viene dado como norma; la rebelión frente a lo ineluctable, la insolencia del optimismo como moral, y la fraternidad humana como ambición y guía.
11) No perder el sentido de la memoria histórica: trasmitir valores, trasmitir ejemplos de la historia que nos ha hecho grandes como humanos.
12) Luchas contra la alienación y cosificación humana: enseñar, trasmitir y practicar que lo único que valoramos son los seres humanos y que ellos tienen un valor intrínseco por ese solo hecho de ser una persona.
13) Propagar la noción de que el amor por el otro, y entonces por sí mismo, es la condición necesaria para la supervivencia humana.
14) Desarrollar ONG's que puedan ocuparse de manera altruista de resolver los problemas que el mercado no puede resolver, situándose entre un servicio público burocrático e ineficiente y muchas veces corrupto, y el servicio privado movido por el lucro. Y por último, desarrollar un espíritu de resistencia que nos permita hacer frente a todas las opresiones, en el espíritu del libro “Indignaos!” de Stephane Hessel.
La Masonería de Progreso que nosotros representamos, cuyos fundamentos están contenidos en la Declaración de Principios de CIMAS, tiene suficientes valores a desarrollar como para trabajar para un mundo diferente, sabiendo que ese otro mundo es posible, sí, pero a condición de que trabajemos por ello.
Y justamente, esto consiste en trabajar para desarrollar la existencia de hombres y mujeres que a partir de la iniciación, devengan ciudadanos conscientes de su rol, con conocimientos, e implicados en la construcción de su comunidad de pertenencia, pero con una visión global que los comprometa con la construcción de la humanidad.
Una tarea primordial para los masones de hoy, hacia ellos mismos y hacia la sociedad, es formar, construir y educar a este nuevo individuo, abierto al mundo, para que él devenga un sujeto consciente de la construcción de la nueva civilización humana.
Nuevos impactos nos irá reservando la vida en sociedad, la local, la nacional y la global, hoy todas absolutamente interconectadas, en la medida que el cambio global se vaya desarrollando. Mantener la democracia esencial, hoy más que nunca necesita y necesitará, para su supervivencia, de ciudadanos activos, no solamente informados, sino con capacidad de traducir esa información y hacerla inteligible, también capaz de actuar en la vida colectiva de la comunidad, sea política o asociativa, local, nacional y/o global. Cada vez más, la ciudadanía tendrá varias dimensiones, en la medida de la complejidad general.
Por ello nuestro acento debe estar en promover un proceso fuerte de construcción, individual y colectivo. Hay que impulsar un desarrollo en las ideas y los valores que serán las bases subjetivas y afectivas de los comportamientos sociales, empezando por la tolerancia y la solidaridad, pero ampliándolo a las nuevas realidades y sorpresas que el nuevo mundo nos deparará. Hay que potenciar los ideales y los fundamentos democráticos y republicanos, para que todos los miembros de una comunidad tengan los conocimientos y las posibilidades de participación. Es decir, tenemos una inmensa tarea por delante, en una época difícil, caracterizada por el estímulo al repliegue sobre la vida privada y el consumo desorbitado, y el abandono de la cosa pública en manos de tecnócratas, demagogos, incompetentes o corruptos.
El futuro está en nuestras manos, y él nos pertenecerá a condición de que hagamos algo por él. No es desde el aislamiento en la comodidad aparente de nuestras logias que podremos protagonizar la transformación. Si esperamos que sean otros los que lo hagan, y no hacemos nada nosotros, ya sabemos lo que ha de suceder. Y compartiremos las responsabilidades.

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