12 mayo 2013

Encuentros Ramsay, mayo de 2013: Reflexiones

 
Cuando se publica este apunte se está produciendo la clausura oficial de la segunda edición de los Encuentros Ramsay, en los Jardines de l’Agdal, Marrakech. 

Se trata de una reflexión colectiva llevada a cabo por varias jurisdicciones pertenecientes a diferentes países, organizada  a partir del compromiso adquirido hace un par de años en la ciudad de Lisboa y que supuso, entre otras cosas, la firma del documento que lleva el nombre de la capital portuguesa y que  plasma los principios básicos de la Francmasonería de la Ilustración.  El Rito Francés se convierte así en protagonista una vez más, esta vez en torno a un debate que pretende contemplar, desde ópticas y sensibilidades muy diferentes, si existe alguna relación o impacto en la sociedad civil del conjunto de valores preconizados por lo que se conoce como Órdenes de Sabiduría del sistema filosófico.  Se trata de una acción más de defensa o, si se quiere, de reivindicación del Rito Francés y de su diversidad, desde el respeto a las delegaciones jurisdiccionales, y partiendo de un principio compartido por todos los participantes y que descarta que en este ámbito valga absolutamente todo.
A través del Rito Francés puede articularse buena parte de la evolución del quehacer cotidiano de quien toma, en un determinado momento, la decisión de incorporarse a la Francmasonería en una Logia que ajuste su funcionamiento a esta pauta ritual. Ya sabemos que no es el único sistema que existe, pero sí el primigenio: Acompaña a la institución francmasónica en su nacimiento, que se produce en plena efervescencia de un movimiento intelectual que casi no encuentra parangón en la historia. Nos referimos, evidentemente, al Siglo de las Luces; a la Ilustración. En un determinado momento el Rito Francés cruza el Canal de la Mancha acompañando a los estuardistas que se refugian en Francia. Allí vive una etapa intensa, que le imprimirá buena parte de su carácter, y también se verá moldeado hasta alcanzar la forma que hoy seguimos conociendo, forjándose a la par una esencia que ha podido mantenerse inalterada hasta nuestros días.
El sistema filosófico encarnado por el Rito Francés tiene un carácter complejo, pues conserva una medida distancia –no una separación insalvable- entre lo que es la primera aproximación del masón a la Logia (conformada tanto en el tiempo como en la propia evolución experimentada por el francmasón o francmasona, que transita a través de tres grados concretos), y la continuación del “caminar” masónico siguiendo otra senda cuya máxima expresión son las estructuras capitulares y los órdenes que en ellas se desarrollan.
De la lectura de las páginas de la historia, resulta que ha sido el Gran Oriente de Francia la organización de referencia a la hora de mantener la vida y dar forma al Rito: Ha sido esta obediencia, que hunde sus raíces en el primer tercio del siglo XVIII,  la que asumió la tarea de codificar el Rito, de regularizarlo y hacerlo común a la multitud de talleres que ya existían, soslayando las disparidades formales que tanto se prodigaron en un primer instante.  La ligazón existente entre los dos elementos (Obediencia y Rito) es tan grande que, aun a pesar de que hablamos de una organización masónica que camina hacia los tres siglos de vida,  y que se caracteriza por la defensa de la libertad ritual de sus talleres, ha asimilado el Rito Francés como oficial de la propia Obediencia, configurando al tiempo un patrón de referencia.
También, con el transcurso de los años, el Rito Francés ha sabido expandirse más allá de las fronteras de lo que conocemos como “el Hexágono”. No hablamos de la epopeya napoleónica. Es un hecho cierto que el Gran Oriente de Francia nunca lo ha monopolizado. Pero tampoco lo ha descuidado en tanto que se trata de un patrimonio masónico que tiene a la par algo de intangible y de incalculable valor para toda la Francmasonería. Esto explica que, por ejemplo, ya en el siglo XIX conocemos las primeras traducciones a otros idiomas –entre ellos el castellano- de rituales o cuadernos de instrucciones. Y explica igualmente que en la actualidad el Rito Francés siga teniendo un papel fundamental en la vida de nuestras Logias. Con sus diferentes formulaciones va asentándose, ajeno a las disputas artificiales entre ritos, promovidas las más de las veces por quienes tienen una visión dogmática del conflicto, de la vida y de un pretendido compromiso masónico; y ajeno también a los artificios y a la pseudomasonería de bazar, que guardan más relación en su génesis con caprichos perecederos que con la continuidad de una acción seria y sincera, merecedora de estar a la altura de quienes nos han precedido en el tiempo.
Con el paso de los días vamos pues asistiendo y siendo testigos de todo tipo de incidencias. Y de este modo, al francmasón de nuestros días, a la francmasona contemporánea, les corresponde comprobar y apreciar la solidez del camino que han tomado, sin que haya lugar a reprocharles nunca nada aunque se equivoquen en la elección. Así ha sido siempre a lo largo del tiempo. En la actualidad, no obstante, contamos con instrumentos e información suficiente para distinguir realidad y ruido. A esta mayor claridad contribuye todo el trabajo que se viene haciendo, callado, tranquilo. Exponentes del mismo son, por ejemplo, los últimos movimientos que se vienen apreciando, reveladores de la buena salud de que goza el Rito Francés: nuevos talleres en España que, desde Obediencias masónicas consolidadas, lo asumen como sistema de trabajo, caso de la Logia Icària, en Barcelona; los encuentros Ramsay, con los que se abría esta exposición; los celebrados en la localidad de Lille y de los que informábamos desde este mismo espacio; o la intensísima relación que, por debajo de las superestructuras, mantienen Capítulos adscritos a jurisdicciones distintas.
Queda todo un futuro por delante. Pero no hemos de perder de vista el bosque, pues el Rito Francés en nuestro país ha estado caracterizado entre otras muchas cosas por una presencia a veces testimonial. Bien es cierto que no es ese el clima que se vive en la actualidad aunque sea una opción ritual minoritaria en la masonería española. Pero tampoco es cuestión de obsesionarse con desarrollos, planes quinquenales y volúmenes. La Francmasonería es otra cosa. Tan sólo hay que seguir trabajando de la misma forma en que se ha hecho hasta la fecha: discreción, persistencia y caso omiso al ruido. Si se permite la broma, casi tres siglos de historia nos contemplan. 
 

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