12 noviembre 2012

"Sin mujeres masonas no tendríamos voto femenino"


Teresa Alabèrnia i Domènech
Entrevista a Teresa Alabèrnia i Domènech, gran maestra de la Gran Logia Femenina

Núria Escur   12/11/2012


Unas 6.000 personas en España pertenecen a logias masónicas; de ellas más de 400 son mujeres (300 catalanas). Guardan obediencia a esta organización fundada por franceses (maçon, albañil) que alzaban catedrales. Lo fue Mozart y lo fue Lluís Companys, Andreu Nin, Josep Irla, Ventura Gassol o Anselm Clavé. Y, como recoge La masonería femenina en España (La Catarata) también cautivó a mujeres: Mariana Pineda, Hildegart Rodríguez o Louise Michel, la anarquista de la Comuna de París que agrupaba prostitutas para instruirlas como enfermeras. Cuando asesinaron a su compañero alzó la voz y dijo: "Reclamo el trozo de plomo que me corresponda".

No sé cómo debo dirigirme a usted...

Cuando trabajo en la logia soy muy respetable gran maestra; fuera soy Teresa.

Teresa, ¿por qué el término masonería todavía genera miedo?

¡Esto sólo pasa en este país! Hay gente que lo oculta por temor a perder una trabajo (se ha dado el caso de que alguno trabaja en una empresa del Opus, ¿cómo va decirlo?) pero en EE.UU. lo incluyen en el currículum como un gran valor y en Francia... ni le cuento.

¿Por qué tanta leyenda negra?

¡Si nuestro método es ancestralmente discreto! Llevamos años, décadas, siglos, de acumulación de prejuicios, nosotros, que somos una de las instituciones más democráticas, laicistas y asamblearias de la historia.

Pero han sido largamente perseguidos. Vienen acusándoles desde Fernando VI.

No sé dónde ven la conspiración.

¿No funcionan como sociedad secreta?

¡Qué va! ¿No ve que hablamos con usted?

Cuentan que son un grupo de notable poder económico.

Nosotras, desde luego, no, se lo aseguro. Incluso tenemos hermanas en el paro.

Si no son una secta ni una sociedad secreta ni un club privado ni un grupo terapéutico, ¿ustedes qué son?

Un camino de sabiduría, un modo centenario de aprender. Y una entidad con funcionamiento democrático. Para empezar separamos nuestros poderes legislativo, ejecutivo y judicial y nadie puede mantener un cargo más de tres años. Ni la máxima autoridad.

Bonita lección para copiar desde las filas de la política.

En una época de mi vida yo estuve muy implicada en política, comprometida, pero me sentí algo desengañada y decidí escoger un camino más profundo, que llegara a la raíz de la razón. Desde ahí incido socialmente.

¿Qué temas debaten en esa sala?

Filosóficos, sociales, simbólicos. Somos un espacio de investigación, trabajamos a fondo pero, fíjese, cuando ponemos en común un trabajo no se nos deja intervenir más de dos veces sobre el mismo tema. Y jamás rebatiendo al compañero.

¿Y si estoy en desacuerdo con él?

Entonces le dirá "yo lo veo de este color" pero jamás, jamás, "¡esto no es de este color!". El masón o la masona sólo se debe a su propia conciencia.

Ustedes, que quieren modernizarse y matizar, usan un vocabulario y una puesta en escena casi medieval.

Muchas reconocemos que nuestro lenguaje es arcaico, que hay que revisarlo y esa es, hoy, una lucha interna en varios países.

Hubo un tiempo en que las mujeres tenían prohibido ser masonas.

En el siglo XVIII Anderson propuso una ley: sólo podían ser masones los "seres libres". ¿Cuál era la trampa? Que en aquel momento ni las mujeres ni los esclavos eran libres. No se les consideraba ni personas.

Después Flora Tristán, Teresa Claramunt o Aurora Bertrana lo lograron.

¡Y Clara Campoamor! Gracias a algunas mujeres masonas hoy tenemos voto femenino. Ella, además, prefirió el exilio a delatar a sus compañeros.

Si servidora quisiera convertirse a la masonería ahora, ¿qué me reclamarían?

Primero le haríamos una entrevista. Ahí detectaríamos si viene hasta nosotras equivocadamente, buscando algo que en realidad no podemos darle.

¿Buscan consuelo terapéutico?

Sí, pero esos casos se detectan en el minuto uno y se descartan. La masonería es de difícil entrada y fácil salida. A una aspirante siempre le advierto: "Aquí no encontrarás ni glorias terrenales ni paraísos celestiales".

¿Qué otros requisitos pedirían?

La mayoría de edad (nuestra hermana más joven tiene 20 años y la mayor, campeona de bridge, acaba de cumplir 90). Y ser mujer libre y de buenas costumbres.

Ya sabe qué le voy a preguntar ahora.

¿Que qué significa "de buenas costumbres"? Pues una buena persona, consecuente, honesta, ni xenófoba ni dogmática.

No son dogmáticos pero exigen obediencia. ¿No le parece que no encaja?

Esa es una obediencia puramente organizativa. Mire, de pequeña yo oí hablar mucho de la masonería: para mis padres, republicanos, era algo loable y perseguido; para mis tíos, muy religiosos, el diablo... así que me dije: "Esto tiene que ser interesante, chica".

¿Concluyó que el estigma era gratuito?

Que todo lo que no se conoce se teme. Los masones no encarnamos ningún peligro.

¿Aceptan miembros de cualquier religión? ¿Y ateos confesos?

Todo menos seres violentos y excluyentes que quieran imponer sus creencias...

¿De cualquier opción sexual?

Sí, sí. Y también hay logias mixtas.

La suya, femenina y española, necesitó el permiso de sus homólogos franceses.

Ocurrió en el 2005. ¡Ya somos soberanas! Y, si urge, fundaremos una (gran) logia catalana.

Durante la república hubo 450 juicios contra mujeres acusadas de masonas.

¡Y muchas de ellas ni siquiera lo eran! Todas acabaron con prisión o muerte.


 Fuente: LA VANGUARDIA 

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