09 octubre 2012

Hacia unos arquetipos sostenibles


Iván Herrera Michel
 "Papeles" de CIMAS 2012 

Intervención de Iván Herrera Michel Presidente de la Federación Americana de Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado – FASCREAA


 Hacia unos arquetipos sostenibles 

Buenos días, 

Como todos ustedes saben, es un verdadero honor ocupar esta tribuna en el décimo aniversario de la organización internacional de la Masonería liberal más antigua e incluyente que existe en el hemisferio occidental.  

Y aunque no tuve el honor de haber participado en su fundación, si he sentido desde que conocí a CIMAS un gran respeto por las reflexiones y el flujo de nuevas ideas que se han presentado en sus Coloquios, así como por el trabajo adelantado por sus dos Presidentes Vera Facciollo y Elbio Laxalte, quienes hoy deben sentirse las personas más felices y orgullosas del mundo.

Ahora el “Espacio Masónico Americano”, que estamos creando en Sao Paulo, representa una nueva oportunidad para la ilusión de unir lo que está absurdamente disperso en la Masonería progresista del continente. 

Y si bien diez años no parecen mucho tiempo, y durante ellos ha corrido mucha agua bajo los puentes y hemos recibido críticas de que nuestra forma liberal de entender lo que nos rodea es una claudicación frente a lo contemporáneo, la única verdad que tenemos para mostrar es que no hemos hecho sino un simple retorno a los orígenes y a la forma de pensar de quienes independizaron el continente americano hace dos siglos, que vieron en la Masonería una función social, e incluyeron en sus vidas unas valoraciones morales en calidad de principios, después haberse ungido de Tolerancia anglicana y de Revolución Francesa, gracias a un alma liberal colectiva dotada de un interés constructivo de autonomía. 

Lo cual, es un claro ejemplo de desarrollo sostenible de unos arquetipos que siguen generando propuestas progresistas, como, por ejemplo, la que nos ocupa en este Coloquio, que busca independizar la soberanía del ecosistema que sostiene la vida en la Tierra de las dictaduras del consumo desbocado y la contaminación humana.  O sea, que ahora en medio de un “más de lo mismo” Masónico, estamos avocados paradójicamente a la tarea de conquistar la independencia de aquello que hemos querido siempre dominar, y no la nuestra en particular como individuo o como sociedad. 

Aunque viéndolo bien, y mientras no nos hayamos ido a vivir a otro planeta como parecen aconsejar nuestros científicos más imaginativos, el combate por la manumisión del ineludible hábitat para la supervivencia de la humanidad incluye la necesaria independencia de nuestra mente y de nuestros sentimientos de las presiones que nos asedian, así como el asignarnos autónomamente un valor basado en el respeto al ser humano en particular, y, en general en la inclusión plena en el marco de la subsistencia de todas las formas de vida, ya no solamente humanas, sino además la de los animales y los vegetales que ahora vemos con ojos de parientes que comparten una misma red interconectada.  Conceptos, que parecieran ser de distintas temáticas pero que se entrecruzan en el común combate en pro de la dignidad humana y contra los prejuicios y las inercias mentales que nos gobiernan.

Es muy difícil definir lo que podemos entender como dignidad humana.  A mí en particular me gusta la tesis que ofrece el filósofo alemán Robert Alexi cuando afirma que posee tres elementos: a) Autonomía ética para ver un fin en sí mismo; b) un núcleo fuerte personal que no puede ser objeto de restricciones; y c) la necesidad de un mínimo de condiciones de existencia.  Es un poco kantiana la definición, pero me parece afortunada.

Hay muchas otras formas de dignidad por la que podríamos preocuparnos en la construcción actualizada de una familia humana más feliz, que es uno de los mandatos más importantes del Rito Escocés Antiguo y Aceptado desde hace algo más de un par de siglos.  Está por ejemplo, la población víctima de desplazamiento forzado, la atención especial para la niñez, el adulto mayor y las personas discapacitadas, los derechos a la verdad, la justicia, la reparación integral y las garantías de no repetición, la protección de las minorías étnicas, la población campesina, indígena y afro descendiente, la desaparición de los paraísos fiscales, el derecho real a la libertad de conciencia, el diálogo entre “centros” y “periferias”, una educación basada en pensamientos sistémicos y complejos ligados a los derechos humanos culturales y colectivos, y un largo etcétera.

Los Masones en realidad hemos construido más que una reglamentación universal, un principio sustancial, referente e interpretativo de la realidad humana, que nos señala un camino.  Solo con un abordaje crítico de nuestras diferencias, alejándonos del carácter lineal de nuestras estructuras culturales e interrogando nuestros paradigmas con una perspectiva solidaria podemos hacer sostenible, “In Crescendo”, aquello de una humanidad feliz a la que nos debemos. 

Las sociedades, al igual que los seres vivos, son medios dinámicos no rectilíneos, más bien anárquicos frente a las tendencias que les alteran su estabilidad y las rigen en su evolución hacía puntos críticos a partir de los cuales hay un antes y un después, además de una singularidad completamente nueva con estructuras disipativas, muchas veces impensadas, en lo que podríamos llamar un “efecto mariposa”, cuando no un “Big Bang” sociológico.

Llegado a este punto, es fácil darse cuenta de que es larga y exigente la tarea de reflexión sobre el rol que podría desarrollar la Masonería, dividida en diferentes dimensiones doctrinales, para abocar la temática de la dignidad humana en el marco del desarrollo sostenible.  Pero lo que sí es seguro, es que todos tenemos la obligación de continuar ocupándonos del ser humano en sus estructuras ideológicas, políticas y económicas, así como en sus costumbres, creencias y relaciones de las sociedades tribales y complejas con el ecosistema. 

Los entendidos han descrito cinco tipos principales de sostenibilidad para que el concepto no se torne ambiguo e ingenuo.  Ellas son, la social, la económica, la ecológica, la geográfica y la cultural, y todas suponen el establecimiento de un modelo estable de gestión humana. 

No obstante, para una institución Iniciática que se define como especulativa, como lo es la Masonería desde hace tres siglos, el desarrollo sostenible más importante que puede emprender es el de las ideas progresistas responsables. Es decir, el de las iniciativas preconcebidas a partir de modelos arquetípicos que envuelvan principios, valores y reglas.

Quiero contarles que hace tan solo unas pocas horas he viajado fascinado como siempre, mirando por la ventanilla de un avión, desde el Mar Caribe colombiano hasta Sao Paulo, atravesando tres cordilleras andinas y la selva amazónica, durante más de doce horas, y una vez más he podido comprobar la inmensa responsabilidad que tenemos con el planeta los que vivimos de este lado del mundo. 

Y también deseo contarles, que, una vez más, ha venido a mi mente la  necesidad que existe de aprender de esas personas que viven allí abajo en las montañas y en las selvas como integrarnos sin traumas al concierto de la vida en la Tierra. 

Ojalá pudiéramos desarrollar un sistema educativo en nuestras ciudades que incluya una estancia de nuestros niños o adolescentes en sus hábitats. O que por lo menos tienda a asociar con argumentos a favor de una base ecológica sostenible su comportamiento personal y colectivo.

O que podamos, por otra parte, hacer realizable un arquetipo que admita el emprendimiento de una acción que muchos estados no están dispuestos a ejecutar, pues implica una gran inversión, un gran esfuerzo, una disminución de sus ganancias de acuerdo al modelo económico vigente y una nueva conciencia planetaria, que son cosas muy difíciles de adoptar.  Por que, entre otras cosas, debemos reconocer que el tema de los límites del potencial de recursos del planeta y el de la fragilidad de su equilibrio ecológico, a pesar de su urgencia evidente, todavía cuenta con conceptos tutelares en construcción que están siendo afectados negativamente por presiones políticas, económicas e ideológicas. 

Ahora estoy en Sao Paulo, entre hombres y mujeres que han venido de cerca y de lejos, con diferentes sensibilidades, pero unidos en lo disperso, para compartir y conocer reflexiones y propuestas sobre el tema. 

Por lo tanto, yo estoy seguro de que para mí serán de mucho provecho las próximas horas entre ustedes, y de que a mi regreso a casa llevaré varias iniciativas para compartir con mis Queridos Hermanos y Hermanas, mis alumnos y colegas de la Universidad, mis amigos habituales y mi familia.

Por último, no puedo dejar de presentar excusas por no haber leído estas líneas en el bello idioma portugués. Siempre me deleito con sus sonidos, pero solo he aprendido a entenderlo en poca medida en su versión conocida como “portoñol”, aunque sí tengo la suerte de haber aprendido a decir en portugués desde el fondo de mi corazón Masónico:

“Muito obrigado, irmãos e irmãs.  Eu sou um homem muito feliz de estar com você”
 
IHM
Sâo Paulo, Brasil
Septiembre 21/12

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