16 septiembre 2012

Discurso de Instalación del nuevo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia


"No olvidemos jamás que el fundamentalismo no es más que el fascismo del espíritu"

Discurso de José Gulino con motivo de su elección durante la asamblea general (Convento) celebrado del 30 de agosto al 2 de setiembre pasados.

¿Qué es lo queremos para el año masónico entrante?

No esperéis del nuevo Gran Maestre, la respuesta a esta cuestión; ella es de vuestra responsabilidad por ser esencial y el G.·.M.·., y el Consejo de la Orden al completo están a la escucha de la Obediencia en su forma más viva -oh, a veces viviente- que es el Convento.

Me toca sin embargo adelantar algunas perspectivas y someteros los ejes de reflexión y de acción para el año entrante (2012-2013). Ejercicio peligroso si lo hay, que no conviene extender demasiado y no hacerlo exhaustivo.

La francmasonería es una experiencia fraternal y por tanto colectiva. Un Gran Maestre no es más que un Hermano que tiene como empleo el de representar dignamente una institución multisecular, habiendo recibido la confianza del Consejo de la Orden lo que me permitiréis agradecer ante vosotros.

Lo inteligente será inscribirse en una historia que comenzó antes que nosotros y que seguirá después que nosotros.

La misión del Consejo de la Orden es ante todo la de preservar la calma y la serenidad que deben presidir todos nuestros trabajos y ante todo la de nuestras logias. A cada instante, aquí y ahora, pero también a todo lo largo del año, deberemos ser guiados por nuestros valores, nuestros principios. Y deberemos trabajar en profundizar la comprensión, en el respeto a nuestros ritos y tradiciones.

Yo me inscribo en la continuidad de acción de nuestro Hermano Guy Arcizet, que ha sabido conducir eficazmente, con el Consejo de Orden un trabajo de apaciguamiento y serenidad.

En el respeto total de la soberanía de nuestras logias, el Gran Maestre es también el garante de la unidad y cohesión de nuestra obediencia. Su único verdadero poder es el que ejerce sobre sí mismo.

André Malraux decía que «la inteligencia es la destrucción de la comedia». Yo haré mía esta bella idea para trabajar con todos vosotros Hermanas y Hermanos nuestros en la transparencia. Y responderé a todas las invitaciones de los Congresos Regionales para escuchar de vuestros trabajos, y presentar las cuestiones que surjan ante nuestra obediencia tanto a nivel nacional como internacional.

Más allá de la emoción y del orgullo de estar ante vosotros, me siento ante todo animado con la voluntad, que sin duda es la vuestra también, de que el Convento y el año que abre sea el más productivo posible.

Todas nuestras Hermanas y Hermanos están hoy observando este Convento y no debemos defraudarles.

Mi primer pensamiento se dirige a nuestras hermanas y hermanos que sufren en carne o en espíritu. La fraternidad no debe ser una palabra vana y debemos dar toda la realidad posible al seno de nuestra obediencia. Esa solidaridad fraternal que nos ha reunido es el logro de todos. Y por eso la Comisión Nacional de Solidaridad Masónica es una comisión que a mis ojos tiene un papel que aparece como esencial.

El último Convento, y la anterior Conferencia de Congresos Regionales, los trabajos de nuestras logias reflejan una voluntad común de evolución de nuestras estructuras y modos de funcionamiento.

Esa evolución no puede realizarse más que en el respeto a nuestro enfoque iniciático y a nuestros ritos.

Los principios de nuestra Obediencia, que son la mutualización, la solidaridad, que deben ser profundizados y convertirse en objeto de nuevas propuestas en términos de política inmobiliaria, de capitación, de capitación adaptada, etc… Esperamos de ese Convento, las orientaciones y líneas directrices para guiar y alimentar el trabajo de nuestro Consejo de la Orden. El campo de debate es vasto y pienso que debemos apoyarnos en lo que es el fundamento de nuestra federación, a saber: una logia, una voz; la soberanía de nuestra logias, la voluntad de manejar nuestras finanzas y nuestras propiedades; debemos poder ensamblar proposiciones concretas para mejorar nuestro funcionamiento.

Algunos se hacen la pregunta de ¿una Obediencia para hacer qué? ¿Es que la soberanía de nuestras logias excluye la necesidad de tener una obediencia fuerte? ¿Qué sería una logia sola en su oriente, cómo podría ella hacer brillar la luz y progresar al hombre en la sociedad? Nuestra Obediencia debe responder a dos exigencias, saber  gestionar una parte de nuestra asociación que está sometida a las leyes de la República, pero también permitir, facilitar y hacer conocer el trabajo de nuestros hermanos de las logias, en el seno de nuestra obediencia.

Y recordemos, por fin, que aquello que nació en Londres el 24 de junio de 1717 no es la francmasonería misma ni aún la francmasonería especulativa, sino la primera Obediencia, que justamente va a permitir el surgimiento de nuestra francmasonería actual. Esta cuestión es provocadora de una verdad que debe recordarse, que las obediencias existen para las logias, y no las logias para justificar la existencia de la Obediencia. En todo caso al GODF…

Tuvimos en el siglo XIX «la República a cubierto» según una célebre fórmula, antes de la instauración de la III República. Es cierto que no tenemos el mismo papel que bajo la II Republica, una de las más «masónicas», bajo el segundo Imperio o bajo la III República.

Algunos han llegado a la conclusión de que el combate por la República ha concluido y que una simple vigilancia en materia de laicidad es suficiente. La vigilancia tiene una geometría variable aunque nos hiciéramos escuchar en algunas grandes ocasiones.

Pero, Hermanas y Hermanos Míos, ¿Qué queda de nuestro ideal de libertad, igualdad y fraternidad?

¿Qué queda del laicismo? Una cato-laicidad, aquí y ahora, una laicidad travestida por aquellos que la negaban apenas ayer.

¿Quién de entre vosotros no ve que sería fiel a nuestra historia considerar lo que debería ser una República verdaderamente democrática, laica y social? Para eso habrá que renunciar a la esperanza de una restauración de tiempos que no volverán. Hay que repensar en esa republica refundada o regenerada, en el seno de nuevas realidades, sean supranacionales o internacionales, políticas, económicas, financieras, ecológicas y religiosas. ¿Qué negamos? ¿Qué es lo que queremos? Por nosotros, nuestros hijos, por los tiempos por venir. Una cosa es cierta y es que alguno de los problemas a los cuales se enfrenta nuestro país y a veces la humanidad entera no se resolverán «dando la espalda» para salvar por lo menos eso, lo que parece aun poder ser, a la espera de días mejores… 

Pues si no pensamos seriamente, si no trabajamos, una cosa es cierta, otros decidirán por nosotros y crearán las condiciones para una ausencia total de elección. Las dictaduras dulces que aparecen nos invitan a resignarnos, a renunciar a las solidaridades penosamente conseguidas y a toda forma de fraternidad.

¿Podemos permanecer indiferentes a los nuevos sofismas de la época y considerar por ejemplo que la participación en una elección democrática es solo de las parcialidades que concurren en partidos democráticos? No, claramente no, es toda la grandeza de la democracia el dejar expresarse a las fuerzas políticas enemigas de la democracia y de la republica en el espacio público y en las elecciones. No debemos dejar que nos engañen con esos discursos tramposos y ponernos en guardia contra quienes los dan.

Hay unas nuevas clerecías, esta vez financieras, que requieren de nuestra vigilancia y de nuestra acción. Las nuevas Iglesias, bancos, fondos de pensión y otros, poniendo su planta en el corazón de la vida política europea. ¿De qué otra Iglesia aceptaremos que nos dé los primeros ministros de dos países de la Unión Europea y el presidente de la banca central europea? ¿Podemos aceptar una organización como la trilateral o una gran banca en el corazón de todos los escándalos financieros de la época?

La separación de los poderes es una condición esencial para el respeto de las libertades. Es un trabajo profundo y largo como el que realizaron nuestros predecesores el que pido a mis Hermanas y Hermanos. Un trabajo que hay que aprovechar ahora al apoyarse en lo que se ha construido en años anteriores.

De modo inmediato, nos proponemos organizar a lo largo de todo este año masónico, un cierto número de manifestaciones alrededor de esos temas para la redacción de nuevos documentos de quejas. Comenzaremos en el mes de septiembre con una reunión por los 220 años de los estados generales de la causa republicana. Reflexionaremos cómo conciliar la justicia y la libertad, cómo conciliar nuestro concepto de ciudadanía con la realidad europea.

Recientemente se nos ha solicitado aportar nuestra contribución en la discusión propuesta para la reforma del estado. Responderemos a esa demanda, sin perder de vista que no se trata más que de una etapa. Los tiempos de los «políticos» no pueden ser los de nuestra obediencia.

En materia de promoción del laicismo, continuaremos por supuesto trabajando con la Comisión permanente de la Laicismo y proponemos dos acciones más precisas.

La primera concierne a la aplicación gradual y negociada de la laicidad en Alsacia y Mosela. Como adherimos a los principios de la República, apreciamos que el presidente de la República tomase el compromiso de inscribir en la Constitución el título I de la Ley de separación de las iglesias y el Estado y en especial el artículo 2. Sin embargo no podemos admitir ni considerar la posibilidad de la constitucionalización del Concordato de Alsacia-Mosela. Cómo inscribir en nuestra Constitución el principio de la separación y su contrario, o sea la excepción concordataria. Para nosotros, el carácter de indivisibilidad de nuestra república y el rechazo a toda forma de comunitarismo se oponen a tal proposición.

Nos hemos dirigido, juntamente con asociaciones laicas a nuestros parlamentarios a quienes propusimos una comisión parlamentaria para examinar la eventualidad de una salida gradual y negociada del régimen derogatorio de cultos en Alsacia y Mosela.

La segunda acción concierne al anuncio hecho por el ministro de Educación Nacional de la creación de una misión de reflexión acerca de la moral laica y la escuela. Hace mucho que nosotros, francmasones del Gran Oriente de Francia, defendemos la idea que como ha escrito el ministro «no debe reducirse la laicidad a la simple tolerancia, la indiferencia o la neutralidad». Y en ese asunto es que organizamos justamente una conferencia pública el 29 de mayo último, precisamente acerca de la moral laica, donde se recordaron los principios de una moral independiente de las religiones, cimiento de la democracia republicana.

Reactivar la idea de una moral laica es un proyecto innovador si se considera que es la definición y afirmación de una moral laica lo que permite a nuestra república fortalecer sus cimientos. Se trata de hacer de esta moral laica un instrumento de emancipación del ciudadano y por la unidad nacional.

Debemos de la misma manera continuar nuestro trabajo de Memoria.

Hace 70 años, el 16 y el 17 de julio de 1942, la policía francesa organizó la más grande redada de judíos en Francia. 13.152 personas de los cuales 4.115 eran niños que fueron arrestados y posteriormente deportados. Menos de 100 sobrevivieron. Una reciente encuesta ha revelado que el 60% de los jóvenes de entre 18 y 24 años nada saben de esa redada del Vel d’Hiv. (redada del Velódromo de Invierno). Jamás escucharon hablar de eso. Es el caso del 42 % de los franceses, de todas las edades. Este deber de memoria es tanto más importante cuando las tesis revisionistas que cuestionan la responsabilidad de Francia aparecen día a día. Sus desafíos no descubren hoy día más que la simple polémica política. Querer sencillamente borrar cuatro años del régimen de Vichy sería eludir toda reflexión crítica sobre las amenazas que pueden pesar sobre nosotros y del retorno a ese período de horror. Debemos seguir con nuestro trabajo de memoria y combatir todas las formas de fundamentalismo. No olvidemos jamás que el fundamentalismo no es más que el fascismo del espíritu.

Permitidme evocar igualmente hoy el conjunto de problemas que se presentan en cierto número de países y que deben alimentar nuestra reflexión.

Estoy pensando en España y las tentativas de cuestionar el derecho al aborto y la libertad de expresión, Grecia con el ascenso de la extrema derecha, Siria y los millares de muertos ante la indiferencia general, Túnez y el cuestionamiento del lugar de la mujer en la Constitución queriendo reemplazar la igualdad hombres-mujeres por una noción de complementariedad, Rusia con la reciente condena a dos años de prisión para tres jóvenes mujeres del grupo de rock Pussy Riot por haber cantado en la catedral de Cristo Salvador una canción anti-Putin.

Todos esos dictadores endurecen la represión contra quienes osan levantar la cabeza. En todos esos casos, las personas que se rebelan están decididas a vencer el miedo y la opresión y se baten por un mundo mejor. Debemos exigir que la defensa de los derechos del hombre sea el centro de la política exterior tanto de Francia como de la Unión Europea. No podemos hacer caso omiso de los derechos humanos simplemente por defender los lazos comerciales y las políticas energéticas. La ética y la moral son una e indivisible. En todos los países del mundo árabe, donde ha florecido la primavera, los manifestantes reclaman trabajo, dignidad y derechos. No puede ser que sus movimientos y aspiraciones les sean confiscadas.
José María de Balaguer, fundador del Opus Dei, escribía en 1939: «jamás te arrepientas de tu lengua sino de haber hablado». 

Pero nosotros, francmasones, debemos tener la actitud inversa: hablar, denunciar las injusticias y las desigualdades, participar en la salvaguarda de los derechos del hombre. En esta frase, yo prefiero el cuadro de Munch «Le Cri» (el Grito), símbolo de la humanidad que sufre y reclama por ayuda, nuestra ayuda.

En el dominio cultural, museos, exposiciones, edición, bibliotecas, debemos proseguir y aumentar nuestros esfuerzos con la voluntad de ponerse a trabajar en las operaciones culturales descentralizadas en nuestras distintas regiones masónicas. Nuestro proyecto masónico es universal pues se refiere al humanismo. Nuestro compromiso es cultural pues participa de una reflexión permanente destinada a reflejar la complejidad del mundo y a debatir acerca de los problemas sociales. Esto deberá reflejarse además en nuestra política editorial. Disponemos de revistas que en algunos aspectos pueden ser mejoradas y convertirlas en vectores de la acción de los masones del Gran Oriente de Francia.

Con independencia de nuestra política de exteriorización, debemos considerar la comunicación interna en el seno de nuestra obediencia, que actualmente no es satisfactoria. En muchas logias esto se entiende sistemáticamente como «no hay comunicación en el GODF». La utilización de la Intranet por parte de nuestras logias debe mejorarse en forma y contenido. En el mundo de la comunicación electrónica, más se conecta pero menos se sabe. Debemos trabajar en la elaboración de una estrategia de comunicación que respete nuestra especificidad y asegurar la seguridad de sus miembros. A la hora de esta revolución numérica donde los tiempos parecen acelerarse, debemos adaptar a esas nuevas herramientas nuestro enfoque masónico.

No puedo terminar sin evocar las relaciones interobedenciales. Las disputas internas en la Gran Logia Nacional Francesa, las acciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra, la declaración de Basilea (Bâle), la necesidad de reconocimiento de ciertas obediencias, han ocasionado lo que algunos llaman recomposición del paisaje masónico francés. Obtenemos nuestra regularidad de nuestra propia historia y la de la masonería. Debemos hacer conocer mejor nuestro pasado y no dejar a algunos el monopolio de afirmaciones históricas, en su mayor parte erróneas. Debemos continuar trabajando con las demás obediencias francesas en el respeto de su diversidad y de sus ritos.

El Gran Oriente de Francia no reivindica ninguna posición hegemónica en la masonería francesa. Será como masones, entre Hermanos que abordaremos esas relaciones en el respeto mutuo. No renunciaremos a nuestros valores ni a los objetivos de nuestra obediencia ni en las relaciones con la masonería francesa ni en el seno del CLIPSAS o de otras estructuras. Yo tengo además la intención de hacer jugar un papel en nuestra Obediencia a nuestras hermanas y Hermanos europeos, que existen y deben ser escuchados efectivamente por un cierto número de interlocutores europeos, especialmente en la Comisión de Bruselas.

Y por fin, saludo a los representantes de nuestras jurisdicciones a cargo de los grados posteriores a la Maestría quienes encontrarán en mí un Hermano atento. Ellos son parte del Gran Oriente de Francia y contribuyen a irrigar la reflexión iniciática y el simbolismo de todas las hermanas y hermanos de la Obediencia.

Esto nos hace conscientes de la importancia y riqueza de esos ritos, propiedad del Gran Oriente de Francia, y continuaremos en la más estrecha colaboración con el conjunto de las jurisdicciones.

Para un francmasón, el espíritu no halla su verdadera realización más que en la aceptación de nuevos deberes. Nuestra responsabilidad es la puesta en perspectiva de la acción, comprender lo que está sucediendo.

Buscamos la luz, y para nosotros, no es una luz que se seca, que paraliza el pensamiento y remite a la francmasonería a un frasco de formol guardado en los estantes de la historia.
Nuestra luz es una luz que ilumina, que da calor, que muestra el camino.

Trabajemos todos juntos para cumplir con la tarea que nos espera.
 
He dicho. 

José Gulino


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