22 julio 2012

Plancha masónica: “¿Los Derechos Humanos son Universales?”

La plancha que os presentamos es fruto de los trabajos conjuntos entre la R.·.L.·. Descartes de la G.·.L.·.S.·.E.·. y la R.·.L.·. Amour et Progrès del G.·.O.·.D.·.F.·.

Desde hace ya cinco años, las dos logias han establecido una relación fraternal que se ha concretado en una visita anual de cada una de las logias a la otra. Un viaje de fin de semana en Limoges y otro en Barcelona. Cada logia prepara colectivamente una plancha que presentará a la otra durante su visita. El intercambio propicia no solamente el estricto trabajo en logia, sino también las visitas culturales y las relaciones personales.


Esta es la plancha leída durante la visita de los HH.·. Descartes a Amour et Progrès de Limoges el pasado mes de junio.



Al progreso de la Humanidad

Igualdad - Libertad - Fraternidad

¿Los Derechos Humanos, son Universales?

Pocas frases pueden ser más profundamente masónicas que el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Hablar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos significa hablar de una de las tres luces que iluminan nuestro templo. No en vano los principios que definen la masonería son los de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que en su momento alumbraron a la revolución francesa, de la que beben directamente nuestras democracias modernas. Todas ellas.

De hecho, democracia y derechos humanos están estrechamente unidos. La proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene lugar el 10 de diciembre de 1948, poco después de la derrota del nazi-fascismo y como desafío al horror de una Guerra Mundial.

Desde 1948 hasta hoy han transcurrido 64 años. Algunas cosas han cambiado en el mundo, pero la situación de los Derechos Humanos no es óptima. El Muro de Berlín se hundió, y con él desapareció parte del totalitarismo estalinista. Pero han aparecido nuevos fenómenos inquietantes, como la globalización económica dentro de un modelo neoliberal inhumano y despiadado, los fundamentalismos de todo tipo y la crisis medioambiental mundial, desafío a la vez ecológico, político y económico. Europa y el mundo occidental ya no son el centro del mundo, al menos no su único centro. La Unión Europea ha cambiado varias veces de nombre, pero sigue en un permanente proceso de construcción... todavía sin decidir hacia dónde. Los estados han ido perdiendo peso, en favor de las grandes corporaciones y el poder se ha ido concentrando en núcleos difusos y alejados de la ciudadanía, radicalmente antidemocráticos y fuera del control del estado de derecho. A pesar de la creación del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 1998 o del Tribunal penal Internacional, la esperanza de un Derecho común de la Humanidad todavía no ha podido cumplirse.

El gran avance de la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue probablemente poner las personas y los intereses generales por delante de los intereses particulares o de clase. Venía a consagrar de alguna manera aquello que afirmó un hermano masón, el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, “debemos escoger el camino de la justicia, el único que puede conducirnos hacia una mejora permanente de nuestra civilización, la senda que hemos de mostrar a nuestros hijos”.

Sin embargo ya hace muchos años que en Europa tenemos serias dudas de que la senda que seguimos conduzca a nuestros hijos e hijas a una vida mejor o a una mayor justicia social. Porque las semillas de ésta crisis generacional estaban sembradas "en los buenos tiempos". Los fenómenos de la xenofóbia, del mileurismo y la deslocalización, el pelotazo financiero y del ladrillo o la tragedia de los refugiados políticos y medioambientales, del hambre y la pobreza, nacieron antes de que estallará la actual crisis económica en el año 2008. ¿Qué ocurrió en aquellos años de vorágine consumista? Sencillamente, olvidamos el compromiso social de la economía, no supimos poner la economía al servicio de las personas sino al de una serie de macroindicadores económicos y empresas de inversión: "todo va bien"... Las mismas empresas y los mismos macroindicadores económicos que ahora descubrimos engañaron y estafaron a nivel mundial y sin precedentes.

Leer el punto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que se dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”, lleva hoy camino de convertirse en una broma macabra para las nuevas generaciones. Es la hora de mirar atrás para ver más lejos.

La crisis económica actual no ha hecho más que profundizar en la senda de la desigualdad y, de paso, poner de relieve cómo los valores democráticos basados en los Derechos del Hombre estaban lejos de ser universales. En ésta isla en medio del mundo llamada Europa y que lucha por unirse, el déficit democrático profundiza la crisis actual. Basta ver el limitadísimo papel de un Parlamento Europeo que nadie se ha tomado nunca demasiado en serio. Basta ver su sistema de elección, o su incapacidad crónica para controlar un gobierno de la Unión, la Comisión Europea, diseñado y pensado para defender los intereses de los estados y no de los ciudadanos europeos.

Tal vez lo más grave sea que, frente a la crisis, Europa no ha optado por profundizar en sus auténticos valores fundacionales. No aquellos del beneficio económico de sus empresas y capitales, sino los auténticos valores fundacionales de la Europa social. Vemos como se está destruyendo un sistema público de educación y de salud excelente con la excusa de la falta de recursos. Al mismo tiempo, contemplamos con estupefacción e indignación crecientes cómo estos recursos "inexistentes" re-aparecen milagrosamente en el momento de rescatar los intereses de unos bancos dañados por su codicia imprudente (y delictiva). Y la sociedad europea cambió, y ya sabemos cómo.

No podemos obviar nuestra responsabilidad, nuestro conformismo con un modelo económico que parecía solucionar todos nuestros problemas, que nos permitía poder gozar de un estado de bienestar sin precedentes, donde no nos preguntábamos de donde salía el dinero sino de cómo gastarlo, ahí está nuestra responsabilidad, no haber actuado.

Con la premisa de nuestra responsabilidad, los gobiernos avalan sus discursos de recortes sociales, nos obligan a aceptar unas medidas que vienen promulgadas desde fuera, hipotecando nuestro futuro, nuestra sanidad y nuestro sistema de educación. Todos estos recortes van dirigidos a la clase media, que porcentualmente es la parte mayoritaria de nuestro país, cada día la brecha social de clases será mayor, pero esta vez tenemos que actuar, no podemos cometer el mismo error.

Hemos de denunciar. Hemos de indignarnos: detrás de los recortes sociales, se esconde una forma de actuar totalmente ideologizada que utiliza la economía como coartada para imponer un determinado modelo de sociedad.

Excepto el supuesto sacrosanto derecho a la propiedad privada y a la libre empresa (artículo 17), cada uno de los derechos enunciados en la Declaración de 1948, se ha puesto en peligro. Observemos el caso español, cada día es más evidente que el modelo sanitario tiende a la privatización. No deja de ser sorprendente que los responsables políticos de garantizar la sanidad pública en Cataluña, afirmen que no existe ninguna razón para sostener un sistema sanitario público. Indigna saber que el responsable político que pronuncia estas palabras había sido hasta el día antes de jurar su cargo representante del lobby catalán de mutualidades de salud. Esto explica una cierta prisa por privatizar hospitales, y un sistema público de sanidad de altísimo nivel que hemos pagado entre todos los ciudadanos, cuando debería inadmisible que ni siquiera se les pase por la cabeza tal idea.

Indigna también ver cómo en este país castigado por el paro, la responsable autonómica de las políticas de ocupación, culpe a los desempleados de su difícil situación acusándoles de no dedicar suficiente tiempo a buscar trabajo.

Los derechos de los trabajadores, de los más desfavorecidos, los derechos a la educación y los derechos a la intimidad, a la libre expresión, circulación y manifestación, a la justicia, ha sido y son atacados desde Cataluña y desde el Estado español. La penetración de las instituciones de gobierno por los Caballos de Troya financieros supone un riesgo de oscuridad evidente. El actual Gobierno del Estado español tiene como ministro de defensa a Pedro Morenés, quién en su "vida anterior" era director general para España de la empresa europea de fabricación de misiles MBDA. El actual Ministro de Economía, Luis de Guindos, era el hombre de Lehman Brothers en nuestro país. El Ministro de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, tiene importantes intereses en empresas petroleras. Más anecdótico, pero más doloroso tal vez, sea conocer que el primer empleo conocido de Fátima Báñez sea su actual cargo como... Ministra de Trabajo.

¿Un fenómeno español? No. A mediados de 2011, en uno de los momentos más oscuros de la crisis actual, se produjeron una serie de cambios importantes en la gobernanza de algunos estados e instituciones europeas. Mario Monti fue nombrado primer ministro italiano, Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, y Lucas Papademos, primer ministro griego. Todos ellos tienen algo en común: su pasado como empleados de Goldman Sachs... Vemos igualmente cómo antiguos ministros, subsecretarios o simples concejales y diputados autonómicos son "fichados" como empleados bien remunerados por las propias empresas y corporaciones que beneficiaron o privatizaron en su etapa de gobierno. ¿Qué intereses defienden nuestros dirigentes actuales?, ¿Qué programa político incluye la defensa de los Derechos Humanos (de todos los Derechos) como línea de coherencia de su discurso?

En nombre de la crisis se han laminado derechos laborales y con ello han aumentado las desigualdades sociales. Un reciente informe de la OIT denuncia que las desigualdades laborales han aumentado en toda Europa "de manera considerable" como consecuencia de la crisis económica mundial y continuarán elevándose a medida que más países introduzcan medidas de austeridad y reformas laborales. Por el camino, también se laminan otros derechos que tienen poco que ver con la economía. Volviendo a Cataluña, observamos cómo su consejero de Interior, Felip Puig, criminaliza la resistencia pacífica y pide que se aplique la legislación antiterrorista a quienes la practican. Vemos cómo en todo el Estado español, se suceden actuaciones policiales brutales contra manifestantes indefensos, escolares o personas con discapacidad.

Nuevamente, una lectura de la Declaración Universal de les Derechos Humanos vuelve a parecer una broma cruel: el derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo, el derecho a la educación o el derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas... ¿Quién las defenderá?

Nuestros actuales dirigentes aducen que el mantenimiento de todos estos derechos, indicadores de la calidad de nuestras democracias, resulta caro... Evidentemente, resulta caro, como lo fueron el sufrimiento y el sacrificio, en ocasiones el de la propia vida, de todos y todas quienes lucharon por ellos. En especial aquellos que sobrevivieron a la II Guerra Mundial y contribuyeron significativamente a la redacción del texto original. Entro otros y otras: Eleanor Roosevelt, el Doctor Chang, Charles Habib Malik, René Cassin, John Peters Humphrey y finalmente nuestro amado Stéphane Hessel, cuyo manifiesto indignado nos ha devuelto la esperanza cuando pensábamos que Europa era demasiado vieja para cambiar. Todos y todas los masones nos sentimos herederos de aquellos gigantes, tanto si fueron iniciados como si no, ya que nuestra luz les iluminaba por igual.

La única forma que tenemos para evitar la deriva de la situación económica hacia la instauración de un modelo social marcadamente decantado desde el punto de vista ideológico está, precisamente, en nuestra capacidad de reestablecer la primacía de los valores reflejados en los Derechos Humanos.

Franklin D. Roosevelt afirmó durante su toma de posesión como presidente de los Estados Unidos, y en referencia a la Gran Depresión, quela magnitud de la recuperación depende de la medida en que apliquemos valores sociales más nobles que el mero beneficio económico”. El objetivo, luchar en favor de una felicidad queno radica en la mera posesión de dinero; radica en la satisfacción del logro, en la emoción del esfuerzo creativo. La satisfacción y el estímulo moral del trabajo no deben volverse a olvidar en la irreflexiva persecución de beneficios fugaces”.

La insistente referencia a Roosevelt no se debe tan solo a su condición masónica, ni al hecho de enfrentarse a una época marcada por una profunda crisis. Se debe a su capacidad de superar la catástrofe económica y social de su país basándose en sus valores más profundos.

Tal vez sea el momento de reivindicar una regeneración moral de nuestro sistema económico y de nuestras democracias, que debe pasar necesariamente  por la recuperación de los valores esenciales que las hicieron posibles. Y esos valores son los mismos de Libertad, Igualdad y Fraternidad que presiden nuestros templos. Son los valores recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Son nuestros valores masónicos y como masones tenemos la obligación de extenderlos socialmente. No en vano al acabar nuestros trabajos en logia nos comprometemos a continuar fuera del templo la obra masónica y nos conjuramos para que la luz de nuestros templos ilumine al mundo profano.

La defensa de la justicia, de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad forman parte de los deberes que nos hemos impuesto como masones y es nuestro compromiso con la sociedad. Tenemos la obligación de lograr que iluminen nuevamente al mundo.

He dicho.

Jaume, Jesús y David

Junio de 2012

2 comentarios:

  1. Realmente ha sido un placer poder participar en la elaboración de dicha planta, aunque todo el mérito es del hermano Jaume y Jesús, que hicieron un trabajo extraordinario.

    Un triple abrazo fraternal :.

    ResponderEliminar
  2. Aunque no he sido iniciado no puedo dejar de compartir en su totalidad y sin ningún género de dudas, el contenido de la plancha sobre los Derechos Humanos.
    Coloman

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