09 mayo 2012

Paradigmas emergentes. Plancha masónica

A la Gloria de la Francmasonería y el Progreso de la Humanidad

El antropocentrismo ilustrado fue el paradigma de partida de la Masonería especulativa. Supuso una importante ruptura con los modelos anteriores y liberó al pensamiento humano de gran parte del peso de la superstición. 

La Masonería, incluso, se anticipó a su tiempo y adoptó en su forma de trabajo modelos democráticos que no tenían parangón en las estructuras políticas de su entorno primigenio. Con el tiempo esos modelos fueron llegando a la sociedad a través de adaptaciones en muchos casos  violentas.

Sin embargo, hemos de revisar esta base teórica de nuestra institución, porque aunque pueda seguir estando en vigor en algunos aspectos, en otros ha sido barrida por los sucesivos acontecimientos y evolución del pensamiento.

La velocidad a la que acontecen los cambios sociales se ha ido tornando cada vez más vertiginosa, sobre todo, después de que la revolución tecnológica  haya  aumentado la rapidez y el área de distribución de la información.

El conocimiento ha dejado de estar atrincherado en las instituciones académicas y es más accesible a la población a través de los dispositivos  electrónicos. Sin embargo, el saber se esconde entre la enorme maraña de datos.

Después de la Ilustración y tras los primeros triunfos del racionalismo, éste empezó a sufrir los embates de su propio desarrollo. La ciencia desmanteló los modelos mecanicistas, porque enseñó que cuanto más profundizamos en el conocimiento más indeterminada se torna la realidad. El principio de incertidumbre de Heisemberg marcó un importante punto de inflexión al mostrar la imposibilidad del determinismo.

 A partir de él, se empezó a configurar el modelo de lógica borrosa que ha llevado al desarrollo de la inteligencia artificial. Es una especie de broma constatar que asumir la imperfección del conocimiento consigue cuotas más altas de comprensión.

Los hallazgos astrofísicos fueron otro golpe para el antropocentrismo. El ser humano y su morada dejaron de ser el centro del universo. Ni siquiera el sol o nuestra galaxia pudieron mantener ese lugar hegemónico que nos gustaría ocupar. Las personas empezaron a sentir que su dimensión física era infinitesimal en este universo en expansión acelerada.

Las convulsiones sociales del siglo XX acabaron con los enfoques de despotismo propios de la Ilustración. El acceso al conocimiento y la restructuración social permitieron formas más democráticas en las distintas instituciones.

La evolución de los conflictos ha hecho que estos abandonen cada vez más los campos de batalla y pasen a esferas psicológicas. Las guerras tienen ahora un nivel de asepsia impensable hace unos siglos. Por el contrario, el desarrollo de técnicas de manipulación de la información es un área de capital importancia para cualquier poder que intente establecerse, sea de la índole que sea. La libertad de pensamiento no sólo es subjetiva, sino un enfoque de marketing. La fundamentación del propio criterio es una tarea cada vez más difícil.

La cantidad de seres humanos en el planeta ha adquirido niveles de riesgo en cuanto a la sostenibilidad de los equilibrios ecológicos en el mismo. Los planteamientos globalizadores no sólo se aplican a la economía, sino a todas las esferas de la actividad humana. Mantener el egoísmo antropocéntrico puede llevarnos a catástrofes de incalculables consecuencias.

 Se intenta considerar el medio ambiente y las demás formas de vida, pero por ahora como meros sostenedores  de los humanos. Seguimos con un gran peso de enfoques utilitaristas en esa esfera.

Esta conciencia globalizadora llevada a su último desarrollo supone  que la humanidad junto con el medio en el que se desenvuelve forma un organismo complejo. La hipótesis de Gaia que tuvo la virtud de enfadar tanto a los científicos ortodoxos como a los ecologistas agoreros parece confirmarse en más de un aspecto.

Permitidme una licencia literario-simbólica:

Este presunto ser de estructura supercompleja podríamos suponer que está sufriendo un desarrollo de conciencia similar al de un iniciado masón. De tal manera, que la Ilustración señaló su toma de conciencia como ser trascendente, aunque fragmentado,  le proporcionó el marco para el desarrollo de hermosas utopías.

La etapa actual la podríamos considerar como de recopilación de información para poder recomponer esos proyectos que no han podido llevarse a cabo con la mera intencionalidad.  Preferiblemente debe  tratarse de proyectos globales. La podríamos comparar a la etapa de Compañero.

El próximo estadio sería el más complicado. Supondría parafraseando a Daniel Beresniak la muerte del hombre viejo para dejar nacer al nuevo ser humano. Es decir, hablaríamos del grado de Maestro.

Para ello deberían darse  cambios revolucionarios en muchas esferas de la influencia humana.

Por ejemplo, la relación entre los sexos. No es admisible por más tiempo el sojuzgamiento de las mujeres para el confort de los hombres. La humanidad comprende a ambos y no sirven planteamientos incoherentes de defensa de la hegemonía masculina.

Tampoco debemos admitir el sometimiento de la gran masa de la población en aras de una productividad dictada por los “mercados” y los que detrás de ellos se esconden con el fin de ahondar en la discriminación de los seres humanos en virtud de su situación socio-económica.

La igualdad de oportunidades de desarrollo personal sufre cada vez más embates destructores. Debemos  enarbolar la bandera de su defensa en todos los frentes.

El nuevo paradigma es un ecumenismo complejo. Tenemos que considerarnos como individuos interconectados y como parte de un proyecto superior.

Algo plenamente coherente con nuestras ideas sobre la piedra que aspira a ser cúbica para ensamblarse en la construcción de un templo. Las herramientas que debemos utilizar nos las proporcionan las ciencias, la tecnología y las artes. Sin embargo, se deben  considerar también las versiones heterodoxas de todas esas herramientas para tener un enfoque más multicéntrico y multicultural. 

No podemos tampoco cercenar la capacidad de comprensión de nuestro intelecto y utilizar sólo las elaboraciones provenientes del hemisferio izquierdo de nuestro cerebro, ni menospreciar la profundidad de nuestra dimensión psicológica pretendiendo que sólo se utilice la zona consciente. Nuestra conciencia, alma o espiritualidad deber ser considerada en la máxima amplitud que podamos otorgarle porque cuanto más penetremos en nuestro interior más conectados estaremos con el universo.

Otro aspecto que podríamos denominar la integración de la sombra  en terminología jungiana es una tarea de vital importancia,  porque de no hacerlo,  no podremos acometer sin riesgos el progreso de la humanidad. No podemos ignorar nuestros aspectos negativos. Tenemos que conocerlos, asumirlos e integrarlos o desintegrarlos, pero solo podremos trabajar en ellos si los conocemos. 

La Masonería  proporciona un método multifocal sin restricciones frente a lo heterodoxo,  que debemos aprovechar para indagar las respuestas a los nuevos retos que van apareciendo  en nuestro, cada vez, más turbulento entorno. 

Con ello quiero decir que debemos aprovechar sus herramientas para evaluar la realidad y sacar conclusiones y planteamientos estratégicos. No debemos quedarnos en el estudio de nuestro pasado sin afrontar las cuestiones del presente y el futuro. Los estudios históricos tienen interés, pero no deben ser nuestro refugio para eludir nuestra misión de encontrar nuevas respuestas.

El establecimiento de un marco de espiritualidad humanista puede dotar a las mentes inquietas, insatisfechas con las ofertas tradicionales de las religiones reveladas, de una alternativa a su medida, puesto que las respuestas a sus inquietudes dependerán de su propio trabajo.

Sin embargo, este enfoque no debe ser restrictivo, capaz de banalizar algo de enorme calado que debe preservarse por encima de los intereses de difusión, propios de la mercadotecnia que tiende a invadir nuestras vidas. Aún a riesgo de seguir siendo minoritarios debemos mantener unos principios de veracidad y profundidad no intercambiables con otros intereses de difusión.

La búsqueda de soluciones a conflictos entre seres humanos en marcos neutrales  sin las tensiones ideológicas derivadas de los fanatismos presentes en diversas esferas ya sean políticas, religiosas o incluso económicas, debe ser uno de nuestros temas de reflexión y trabajo.

La excelencia y la ética como prácticas vitales  son otros  de los temas más difíciles, pero más necesarios de nuestro desempeño como buscadores de la luz y la verdad. Alejémonos de los comportamientos profanos que tanta miseria llevan a las organizaciones que los practican como son el nepotismo, la lucha por el poder, el tráfico de influencias, la búsqueda de fines lucrativos… en fin, no necesito seguir con la lista porque todos recordamos suficientes ejemplos entre nosotros de estas nefastas prácticas. Y sin embargo, deberíamos olvidarlas en el sentido de desterrarlas definitivamente de entre nosotros.

Muchos profanos tienen la imagen de que nuestra organización sólo sirve para ese tipo de contubernios: acceder a puestos de poder y repartirlos entre nosotros.
Ese objetivo, al menos en la Masonería liberal, está muy lejos de nuestras posibilidades, pero, sin embargo, en lo que se refiere a nuestro desenvolvimiento interno, tiene una amplia implantación, por desgracia.

Hay redes informales de poder interno que condicionan nuestro funcionamiento, así como nuestra estructura y expansión. A menudo una idea es combatida no por su pertinencia, si no por el mero deseo de bloquear las iniciativas de una persona o grupo. Esta práctica siempre tiene consecuencias penosas, porque o alienta los cismas o produce la pérdida de valiosos eslabones de nuestra cadena.

La situación de las mujeres no me cansaré de denunciar que es impropia de nuestros ideales, hasta que eso no deje de ser la cruda realidad. Existe, como en el mundo profano, un interés sexual que desvirtúa cualquier otra consideración sobre nuestra naturaleza y capacidades. De eso somos nosotras  culpables en parte, porque también hay algunas hermanas que vienen a nuestras logias con las hormonas a flor de piel, con ganas de desbastar su piedra a fuerza de pasarse por la misma a aquellos que les puedan ayudar en sus aspiraciones. Aspecto en el que suelen encontrar un grado de colaboración bastante más alto que en  el de conseguir atención sobre méritos que no se refieran a ese tipo  de aspectos sexuales. 

Así pues, no podemos aspirar al descanso en nuestros trabajos. Somos los guardianes de una tradición y de un conocimiento que trasciende nuestras dimensiones individuales. Por eso, a pesar de nuestros errores  nuestra Orden subsiste.

Dejemos de lado nuestros  intereses personales espurios, seamos valientes en nuestra autocrítica y sigamos trabajando por el advenimiento de una humanidad más justa y más lúcida con el método y las herramientas que constituyen la esencia de nuestros esfuerzos, pero sin olvidar las aportaciones que la ciencia, las artes y cualquier modalidad de conocimiento humano nos brindan. Estos vehículos  nos ayudan a sentirnos integrados en el universo y con nosotros mismos.

Porque tal como es arriba, es abajo. Que no solo es una sentencia de filosofía hermética, sino que recoge el principio de la estructura fractal de  la realidad.  Lo complejo que se basa en lo simple, lo que hace que lo que nosotros somos influya en el todo universal. En eso se basa nuestra enorme importancia y responsabilidad. No sólo en nuestra individualidad  sino en las relaciones que seamos capaces de establecer y las estructuras que seamos capaces de crear.

Tenemos que mover el enfoque para alcanzar una mayor amplitud de planteamientos y evaluar las actuaciones que debemos asumir a todos los niveles. No podemos conformarnos con la mera consideración  de nuestros actos individuales, sino con nuestra concatenación en los colectivos. 

Cuando permitimos que nuestros líderes o gobernantes actúen de maneras contrarias a la ética estamos siendo cómplices. Debemos actuar en la medida de nuestras posibilidades para frenar todos los desmanes que en nuestro mundo se cometen. Si no nos cruzáramos de brazos, posiblemente, las cosas cambiarían porque eso ya habría producido un cambio en nosotros mismos: la asunción de nuestra responsabilidad.

Ese es el aspecto más importante a conservar del antropocentrismo ilustrado, la conciencia de la propia voluntad, pero asumiendo  la fuerza que el usarla conlleva, ya que  este uso sólo tendrá sentido en las repercusiones globales de muchas voluntades  aunadas para conseguir fines que sirvan para mejorar el planeta y las condiciones de vida de los seres que lo habitamos. Nuestra actividad individual debe ensamblarse en la actuación colectiva. Nuestros planteamientos  morales no pueden quedar encerrados en nuestro cerebro deben manifestarse en nuestras actuaciones. Debemos trascender nuestra dimensión integrando organizaciones o estructuras que así lo permitan. 

La Masonería podría ser una de ellas, siempre que consiguiera  conservar, actualizar y practicar sus propios planteamientos éticos.

Sólo así sería capaz de ofrecer el ámbito de desarrollo trascendente que nuestro mundo actual exige a una institución que pretende trabajar por el progreso y a la gloria de la humanidad.

He dicho. 

Crisol (Maestra Masona del R.·. F.·.)

3 comentarios:

  1. José Luis Cárdenas5/19/2012 06:18:00 p. m.

    Ciertamente, me parece bastante basto lo expuesto en éste Sitio Web respecto a la Masonería, para aquellas personas que no la conocen de cerca y que quizás son meros curiosos de lo que para ellos resulta ser un enigma y que para nosotros surge ser un estilo de vida.

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  2. Las planchas o trazados son responsabilidad de aquellos HH.·. que las escriben.

    Nosotros solo las publicamos.

    Está claro que no puede llover siempre a gusto de todos.

    ResponderEliminar

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