15 abril 2012

Sobre Hermenéutica y Masonería por Raúl Herrero

Presentación de "Masonería y Hermenéutica" en Zaragoza

Aprovechamos para anunciar la presentación del libro "Masonería y Hermenéutica. Un mundo problemático" del filósofo Andrés Ortiz-Osés y del Maestro Masón Javier Otaola, el día 16 de abril a las 19:00 horas en la sala de conferencias de "El Corte Inglés" de Zaragoza. El libro ha sido editado por Atanor ediciones en su colección Escuadra y Compás.

Reiteramos la invitación a leer el interesante artículo de Raúl Herrero que anunciamos en el titular de este post:

Sobre Hermenéutica y Masonería 

Comenzamos con una advertencia: este libro se ocupa y promueve la actividad más peligrosa de hoy, como manifiesta el maestro Josep Soler, el pensamiento. ¿Qué eco puede hallar este volumen en nuestro mundo invadido por la pulsión de la banalidad (¿del mal?) y la vanidad? ¿Y cuánto tiempo durará siquiera una mordedura del eco del mismo? Mientras exista el estudio y la pasión por el símbolo, parece responder este libro, así como la tradición perenne no todo está perdido.

Masonería y Hermenética tienen en común el uso del símbolo como uso y disfrute del conocimiento y del reconocimiento de la realidad, el símbolo como vehículo para recorrer y desvelar el velo de la realidad, la más auténtica y la falsa, la realidad que se nos presenta por autoridades, habitualmente autoritarias. ¿Será necesario recordar que el observador influye y modifica lo observado?

Javier Otaola en el conclusivo capítulo final del libro cita la admirable frase de los maestros constructores: “Cela que tu fais, te fais (lo que tú haces te hace)”. En un artículo firmado por María Victoría Espín, publicado en la revista “Symbolos”, me encontré con un refrán popular que viene a significar algo semejante: "Vive como piensas o terminarás pensando como vives”. Esa invitación a la acción, a la correspondencia entre la idea y el hecho, con el símbolo como eje, coincide en la masonería (que lo es) y en la hermenéutica (en especial en la simbólica). ¿Condenados a entenderse? …”el ámbito adecuado de encuentro en la masonería y nuestra filosofía hermenéutica es el simbolismo”, afirma Andrés Ortiz-Osés.

Desde luego la lectura de este libro nos brinda mucho más que la expresión de posibles opuestos complementarios y nos adentra en las penumbras y luces del ser y del no-ser. ¿En la nube del no saber? (y, por tanto, también del saber). La masonería bebe de las fuentes de Hermes (Sabiduría) y Pitágoras (Gnosis), Andrés Ortiz-Osés aporta su lado pitagórico en un estudio sobre la física más rabiosamente moderna frente a la filosofía en un capítulo que merecería todo un estudio individual. Y que, como no podía ser de otra forma, tiene a Dios por principal protagonista.

Durante la primera parte del libro Javier Otaola paseará ante los ojos del profano la historia de la masonería, sus fundamentos y su relación vital-simbólica y establecerá puentes con la hermenéutica simbólica. Sin duda, la comparativa se nos muestra interesante y acertada y, tal vez, el lector más curioso espere una mayor profundización en lugares que acercan y alejan ambas entidades (de coimplicación de los contrarios en palabras de Andrés Ortiz-Osés) de pensamiento. ¿Los libros herméticos (Corpus Hermeticum) o los filósofos neoplatónicos establecen también conexiones entre  masonería y hermenéutica?

En la misma portada del volumen vuela el dios Hermes. “Las ideas del dios Hermes y las ideas del sabio Pitágoras no han desaparecido totalmente de este mundo crepuscular que habitamos, de hecho son todo lo que queda de él –no olvidemos que los alquimistas equiparan a Jesús con el Mercurio Solar-, en Occidente al menos”, Federico González dixit en Hermetismo y Masonería. Andrés Ortiz-Osés en su Libro de símbolos aduce sobre Hermes: “…la importancia decisiva de Hermes en ser el significante del sentido de la existencia”. El hermetismo corona, a nuestro entender, los estudios del símbolo de cualquier postura o lectura filosófica.

 “La comprensión hermenéutica es circular: es un acontecimiento que progresa en forma de espiral”, afirma Javier Otaola, una forma propia de la estructura de los evangelios canónicos y sobre la que Juan Eduardo Cirlot escribió en su Diccionario de símbolos: “Forma esquemática de la evolución del universo (…) la relación entre unidad y multiplicidad (…) También por su sentido de creación, movimiento y desarrollo  progresivo la espiral es atributo de poder, que se halla el cetro del faraón egipcio, en el lituus de los augures romanos y en el báculo actual.” “Mi aporte específico está en preguntar radicalmente por el sentido de la vida humana, o sea, por el sentido de la existencia que es la auténtica cuestión radical de una hermenéutica simbólica (una cuestión tan radical que me lleva a echar mano también del lenguaje sutil de la aforística y la poética)”, aduce Andrés Ortiz-Osés. Y un capítulo del libro lo dedica el autor a este deporte vital de altura del aforismo. Aquí se nos presenta la tentación de citar algunos de los mismos, pero preferimos que el lector los encuentre a golpe de libro.

En definitiva, en Masonería y Hermenéutica también se nos propone una interpretación del mundo presente, un mundo oscuro, donde Otaola revisa los aspectos más optimistas de la masonería para incluirles una cierta punzada de dolor irónico, por otro lado, presente ya en la obra de Ortiz-Osés, ese encuentro engrandece el libro y lo aproxima a hombres con el espíritu, tal vez, demasiado oscurecido por el hoy, pero que buscan y desean conocer el entorno y a sí mismos (como el oráculo de Delfos, el filósofo griego Sócrates o el poeta japonés Kenko Yoshida). “Conócete a ti mismo dice la máxima hermética, origen y razón de todos nuestros trabajos, sacrificios, búsquedas, estudios y más altos propósitos, que, de llevarlos a término, nos convierten en verdaderos héroes por las dificultades que este proceso implica”, se nos dice en el libro La Logia Viva (simbolismo y masonería) firmado por Siete Maestros Masones. Frente a este modelo tradicional de héroe Andrés Ortiz-Osés propone: “No tanto hacer el bien superior como evitar el mal inferior…”

Uno de los falsos mitos de nuestro tiempo que obstaculiza la plenitud del hombre, y por tanto, que el humano sea, lo encontramos, siguiendo el empleo de un término del propio Ortiz-Osés, “en el asimbolismo” y en el materialismo ceñudo que se sustenta en esquemas científicos superados y en visiones filosóficas de vista corta. La lectura del libro que nos ocupa puede administrarse a modo de correctivo. En relación con el subtítulo del libro –un mundo problemático-, Andrés Ortiz-Osés nos aclara: “Se trata de una problematicidad que resulta tragicómica, ya que mientras en el mundo inferior la gente intenta calmar su hambre y su sed, en el mundo superior la gente controla su peso dietéticamente”.

Tanto Andrés Ortiz-Osés como Javier Otaola plantean el dogmatismo como una de las principales lacras del pensamiento (y de la libertad), por tanto, de lo que somos. Y el primero propone una solución “…frente a la tradicional verdad (dogmática), el sentido obtiene un carácter relacional, cuyo juego de lenguaje es el diálogo como conjunción de contrarios frente a toda belicosidad”.

Y es que, ambos, recrean, a su modo, el viejo pero no vetusto discurso sobre la dignidad del hombre, que tuvo en Pico Della Mirandola, tal vez, a su mejor valedor, quien ya se quejaba como un hombre de pensamiento de hoy con estas palabras: “Pues todo este filosofar (tal es la desgracia de nuestra época) es más motivo de desprecio y de escarnio que no de honor y de gloria”.

Raúl Herrero



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