08 marzo 2012

Ítaca, un cuento para el 8 de Marzo

¿Y si Aníbal hubiera arrasado Roma? ¿Y si Constantino no hubiera adoptado el cristianismo como religión oficial? ¿Y si los descubrimientos de Darwin hubieran tenido lugar en la edad media? ¿Y sí...?

Los accidentes y hechos históricos han configurado el mundo de la manera como hoy lo conocemos. O al menos, como nos explican que se ha construido. 

Es obligado reivindicar constantemente la libertad y la igualdad porque nada está predestinado y todo es producto de nuestros actos.

Todos conocemos la aventura de Ulises y sus avatares desde  la llegada a Ítaca; ¿podría haber sido diferente? Este cuento propone un cambio en aquellos sucesos vividos por él; porque los finales son asunto nuestro, de quien los relata, de quienes los escribe.

No hemos llegado todavía al final, y hoy en Día de la Mujer Trabajadora deseamos un final justo y perfecto para sus reivindicaciones.  

1 comentario:

  1. “Llegar a destiempo, o quizás, tan solo en el propio tiempo”




    Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
    pide que el camino sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de experiencias.
    No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al colérico Poseidón,
    seres tales jamás hallarás en tu camino,
    si tu pensar es elevado, si selecta
    es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
    Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al salvaje Poseidón encontrarás,
    si no los llevas dentro de tu alma,
    si no los yergue tu alma ante ti.
    Pide que el camino sea largo.
    Que muchas sean las mañanas de verano
    en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
    a puertos nunca vistos antes.
    Detente en los emporios de Fenicia
    y hazte con hermosas mercancías,
    nácar y coral, ámbar y ébano
    y toda suerte de perfumes sensuales,
    cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
    Ve a muchas ciudades egipcias
    a aprender, a aprender de sus sabios.
    Ten siempre a Ítaca en tu mente.
    Llegar allí es tu destino.
    Mas no apresures nunca el viaje.
    Mejor que dure muchos años
    y atracar, viejo ya, en la isla,
    enriquecido de cuanto ganaste en el camino
    sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
    Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
    Sin ella no habrías emprendido el camino.
    Pero no tiene ya nada que darte.
    Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Itacas.



    Konstantínos Kavafis

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