13 febrero 2011

El simbolismo de los nombres: Pi i Margall

Por Antonino Sanz Matencio

Una característica propia de la Masonería en España es la utilización que se ha hecho de los nombres simbólicos

Hasta 1931, los republicanos españoles celebraban el 11 de febrero. Recordaban el aniversario de la proclamación de la República en 1873. Se cumplen 138 años de aquello.

Las Cortes, reunidas en sesión conjunta y permanente, esperaban la comunicación oficial de Amadeo de Saboya, que abrumado por las graves dificultades que en su corto reinado encontró (guerra de Cuba, la tercera Guerra Carlista, la presión de los alfonsinos, las insurrecciones republicanas, las situación económica del país, la división de sus partidarios, etc.), acabó renunciando a la corona, constituyéndose entonces los colegisladores en Asamblea Nacional.

A pesar de la mayoría monárquica, un republicano federalista propuso que la Asamblea Nacional asumiera los poderes y se declarara la República. Los acuerdos entre los monárquicos radicales y los republicanos unitarios y federalistas, junto con el histórico y encendido discurso de Castelar, hicieron el resto. La República fue proclamada.

Poco tiempo duró. Un año y diez meses. Los mismos problemas que acosaron a Amadeo I seguían presentes en el nuevo régimen, a los que hubo que añadir todos los movimientos cantonalistas y la continua presencia del poder militar en la toma de decisiones.

Pi i Margall fue aquel parlamentario republicano federalista que propuso que se proclamara la República.

Francesc Pi i Margall (1824-1901) fue uno de los intelectuales más representativos del pensamiento más avanzado y progresista de la segunda mitad del siglo XIX.

Político, filósofo, jurista y escritor, asumió la Presidencia del Poder Ejecutivo de la Primera República Española desde el 11 de junio y el 18 de julio de 1873. Treinta y siete días.

Durante esos pocos días, su gobierno preparó la fallida Constitución Federalista de 1873 y un programa amplio de reformas, mediante la aprobación de una serie de leyes de carácter social: el reparto de tierras desamortizadas entre arrendatarios, colonos y aparceros, el restablecimiento del ejército regular, con levas obligatorias, la separación de la Iglesia y el Estado, la abolición de la esclavitud, la enseñanza obligatoria y gratuita, la limitación del trabajo infantil, la creación de jurados mixtos de empresarios y trabajadores, el derecho a la sindicación obrera y la jornada de trabajo de 8 horas. Admirable.

Seguro que es por eso que Pi i Margall, además, es el nombre simbólico que muchos masones españoles escogieron en el momento de su iniciación como aprendices. Un alfarero, Juan Manuel Matencio Rosales, mi bisabuelo, fue uno de ellos.

Una característica propia de la masonería en España es la utilización que se ha hecho de los nombres simbólicos. Varios autores han estudiado este tema con profundidad, entre ellos las investigaciones recogidas en la magnífica obra La Masonería en España del Siglo XIX, que incluye sendos artículos donde se aborda el simbolismo de los nombres, en concreto, Análisis y estudio de los nombres simbólicos utilizados por los miembros de cuatro logias madrileñas de María Teresa Roldán Rabadán e Ideología masónica a través de los nombres simbólicos de Françoise Randouyer.

La persecución que sufrió este colectivo obligó a sus miembros a lo largo de la historia a utilizar nombres o pseudónimos para comunicarse entre sí o reconocerse sin temor a ser descubiertos y represaliados. Estas medidas represivas fueron desapareciendo en la mayoría de los países, con lo que el uso de este tipo de nombres se fue perdiendo. No así en España, donde pocos fueron los tiempos en que los masones pudieron ejercer sus trabajos en libertad.

Por lo general, los nombres simbólicos escogidos pertenecían a personajes conocidos que destacaron por su cualidades, sabiduría o por su conducta, comprometiéndose el iniciado a tomar como modelo al propietario del nombre elegido.

Desde personajes históricos, pasando por científicos, escritores, políticos, militares, etc., pero todos con una denominación común: la relación con una corriente de pensamiento basada en la tolerancia, la defensa de las libertades, el racionalismo, cientificismo y el humanismo laico que se inició con el Renacimiento (Roldán Rabadán, 1987).

En un viaje a Salamanca para visitar el Centro Documental de la Memoria Histórica encontramos en la documentación correspondiente al Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo varios expedientes relacionados con algunos de nuestros familiares.

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Entre ellos estaba el juramento masónico de aquel otro Pi i Margall que realizó al ser exaltado al grado de Maestro. Aquel alfarero de Posadas que, por 1917, se inició en la Logia Themis de Peñaflor, de la que obtuvo plancha de quite para formar, en 1920, un nuevo taller, la Logia Abril nº 412 de Posadas.

"... amar a la verdad, fuente de todo bien, y huir de la mentira, origen de todos los males; buscar todos los medios para ilustrar mi inteligencia y fortificar mi razón..."

Admirable, también.


Publicado con el permiso expreso del autor Antonino Sanz Matencio

3 comentarios:

  1. Gracias por haber publicado esta historia. Es un honor para mi.

    Un abrazo

    Antonino Sanz
    http://el-desavio.blogspot.com

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  2. El honor es para nosotros. Se trata de un buen trabajo y una buena investigación.

    Fraternalmente,

    El Masón Aprendiz

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  3. Palabras de un verdadero Maestro que me inspiran e invitan a tomarlas como filosofia de vida

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