13 diciembre 2010

Viajes de la iniciación en la Masonería

Proceso iniciático

Según la Logia Mediodía de Sevilla, todo proceso iniciático pretende situar al neófito en condiciones de afrontar una realidad presumiblemente superior, que rompa con los esquemas de su realidad cotidiana y cultural. En ese despertar lúcido, que fractura los esquemas por los que habitualmente nos guiamos, se produce una necesaria disociación entre el conocimiento racional y el que se alcanza a través de una determinada forma de iniciación. La “traditio” de causas y efectos lógicos que nos orientan por el mundo y que nos sirven para desenvolvernos ante nuestros semejantes, afrontando con la mayor lucidez posible las bonanzas y adversidades que el “siglo” nos plantea, queda interrumpida, de modo que el neófito alcanza una realidad desprovista de referentes, regida por un barroco conjunto de símbolos, usos y costumbres desconocidos para él y para la mayoría. El mundo que concebimos con los esquemas mentales que presiden nuestros comportamientos, y que condicionan nuestros conocimientos, se compone de un conjunto de impresiones y fenómenos que sólo pueden ser desentrañados mediante el ejercicio de los mecanismos racionales. Sólo existe y se considera veraz, aquello que se puede analizar, explicar y repetir a voluntad, de modo que una vez descubiertas sus causas, se puedan dominar los efectos.

Las sociedades iniciáticas, como la Masonería,… en la Ceremonia de acceso al grado de Aprendiz o miembro de segunda cámara, someten al candidato a cuatro viajes llamados iniciáticos.

El primero comporta la prueba de Tierra, el segundo la prueba de Aire, el tercero la prueba de Agua y el cuarto la prueba del Fuego. Se trata de enseñar al candidato a dominar las trampas del mundo material; de instruirlo sobre la utilización de la fuerza del pensamiento; de enseñarle después a dominar las pasiones y finalmente conectarlo con su ser divino, poniéndolo al servicio de su padre interno. Pero esos viajes, realizados mediante un ceremonial muy sugerente, no son más que una escenificación. En ellos el candidato no aprenderá nada, a menos que comprenda en profundidad que aquella ceremonia externa debe ser vivida en su interior, aprendiendo realmente a dominar las fuerzas morales, las emotivas, las intelectuales y las materiales, convirtiéndose en experto en cuestiones del alma. Son unos viajes simbólicos que todos deberemos un día llevar a cabo, ya que la conquista de la Sabiduría es una tarea común a todos. Quienes los realizan en su aspecto simbólico atestiguan de su afán de quemar etapas, anticipándose a etapas evolutivas futuras. La Sabiduría sólo se adquiere a base de trabajos internos a lo largo de nuestra vida y de varias existencias (Acacia. Galeón, 2010).

El viaje iniciático, muestra una cartografía simbólica con contenidos repletos de trascendencia, que transforma a su intérprete a la vez que va descifrando su significado. Es un camino viviente que, en ningún caso es susceptible de ser reducido a una idea, y que implica un esfuerzo en progreso, una acción de transformación en pos de una esperanza de Luz y de Verdad, pues como dijo Baudelaire “nuestra alma es un velero de tres palos que busca a su Icaro”. El viaje iniciático también pretende mostrar que, en esencia, todo hombre es un ser separado del mundo y de los demás, porque está separado de sí mismo. De este modo, el nuevo ser nace con la certeza de la necesidad de descubrir el mundo que le rodea, descubriéndose a sí mismo, y nos desvela que no puede haber vida humana plena si ésta carece de sentido, del legítimo intento de búsqueda de conocimiento del Ser, donde habrá de quedar restituida una dignidad profundamente confundida por las apariencias y los disfraces sociales: para descubrir, en suma, la dimensión vertical o trascendente que nos define y constituye (Logia Mediodía, 2010).

La ceremonia de la Iniciación de nuestros hermanos, no puede obedecer, hoy día, a un ordenamiento ritualístico tan rígido, como el que se aplicaba en los remotos tiempos de la antigüedad, porque en aquella época, la selección de los obreros, se efectuaba en forma muy distinta, a la que se lleva actualmente, puesto que ahora, se emplea un formulismo tradicional, amoldado a la conveniencia de cada uno de los actos de la iniciación, pues debemos tomar en consideración, como principio al progreso actual en sus diferentes aspectos educativos, así como al estado de ánimo, el carácter y temperamento de los candidatos, cuyas circunstancias especiales del momento, pueden influir en su mente, por motivo a la seriedad, solemnidad y trascendencia, durante al acto de la referida Iniciación. (Francmasonería, 2010)

Fragmento de “Viajes de la iniciación en la Masonería”
Por el H.•. Roberto Aguilar M. S. Silva - M.•. M.•.
R.•. L.•. Sentinela da Fronteira, num. 53, Corumbá, MS
Academia Masónica de Letras de Mato Grosso do Sul, Brasil

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