27 octubre 2010

Hoy los gitanos, ayer los judíos, mañana…

Por David Antona

Tal vez a alguien le pueda parecer una forma dura de expresarse la del tal David Antona. A veces la necesidad de mantener una actitud de rebeldía ética contra la injusticia, produce alguna palabra altisonante. No creemos que sea para tirarnos las manos a la cabeza, por eso reproducimos la primera parte de su artículo.  E.·.M.·.A.·.

"Debería haber planes de inserción laboral, escolar, sanitaria. Y la excusa es que los gitanos son indocumentados o pobres, como dice Sarkozy. Me parece que hay una actitud determinista hacia el pobre, hacia el ilegal, hacia el gitano; y el gitano es el paso inicial para un montón de limpiezas étnicas; porque sería ingenuo pensar que va a parar ahí la cosa".

Jorge Nedich - Gitano, escritor y docente autodidacta. (Argentina)

Lo que han escrito algunos lectores del diario progresista EL PAÍS, sobre la deportación de los Roms en Francia por el presidente Sarkozy, podría perfectamente servir de vomitivo. En una tribuna, el diario PÚBLICO recordaba que sin el ruido mediático que ha envuelto en esta ocasión la expulsión de 700 gitanos, nadie recordaría que "Francia trasladó forzosamente, en años anteriores, a 10.000 gitanos rumanos en 44 vuelos." Hoy Sarkozy, para frenar su caída vertical en los sondeos de opinión, recurre de nuevo a esta rentable iniciativa, electoralmente se entiende.

La política de la búsqueda y utilización del chivo expiatorio tiene, por desgracia, numerosos antecedentes. Alemania y el régimen nazi, que suelen ser citados como ejemplo para condenar estos crímenes, no han sido los únicos a lo largo de la historia. Además de su voluntad de borrar del mapa a las comunidades judías de los países que ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial, también inmolaron, no lo olvidemos, a 500.000 gitanos. Y a muchos de los antifascistas que cayeron en sus manos cuando sus tropas avanzaban, victoriosas, por los países conquistados.

Antes de estas deportaciones se contabilizaban en Francia 400.000 gitanos, en su mayoría ciudadanos franceses y, dentro de esa cifra, a una minoría de emigrantes llegados de los países del Este, en particular de Bulgaria y Rumanía, víctimas de una política de exclusión y de marginación de sus gobiernos.

Respecto a lo sucedido en Francia... Un incidente acaecido en la ciudad de Grenoble, en el que la policía mató a un joven gitano (calificado de delincuente), provocó la reacción violenta de los suyos, que atacaron una comisaría. Este incidente, grave pero aislado, justificó ante la opinión pública francesa la decisión de aplicar contra este colectivo, el de los gitanos, una política de expulsión y de negación de los derechos individuales más elementales. La tribuna del diario PÚBLICO antes citada, tras la evocación de estos hechos, concluía a una "etnitización del problema". Es decir, al traslado de todo un grupo de unas actuaciones individuales que debían ser tratadas en el marco de la legislación vigente. Por el contrario, ante una opinión pública manipulada por los medios de comunicación, se oficializó un pretendido "problema gitano". Y se reforzó la imagen negativa de un grupo constituido de individuos que "solo viven de rapiñas y de robos, que no aceptan las reglas de circulación y desplazamiento vigentes, y que se niegan a adaptar su vida y costumbres a las del resto de la sociedad". En resumen: que no quieren dejar de ser gitanos.

No es de extrañar que en nuestro país, con una larga tradición de presencia de esta etnia (sañudamente perseguida durante el reinado de Isabel la Católica), exista una tradición de rechazo hacia los gitanos. Recientemente, con las noticias llegadas de allende los Pirineos, este rechazo se fue agudizando, agravado por la llegada a España de gitanos procedentes de los países del Este ya mencionados, que acuden a la Europa del "bienestar" huyendo de las condiciones de vida miserables que les deparan sus países de origen.

Las medidas persecutorias de Sarkozy -condenadas de forma hipócrita, por no decir más- por la Unión Europea, fueron acogidas en el foro de los lectores de EL PAÍS, salvo raras y honrosas excepciones, con un aplauso y una aprobación casi unánimes. Expresando además el temor (véanse las reacciones del PP de Badalona) de que esos gitanos expulsados de Francia, tuviesen la idea peregrina de cruzar la frontera para venir a instalarse en nuestro país.

He aquí, a título de ejemplo, lo que opinaban dos de esos lectores. El primero de ellos afirmaba:

"Hay aquí mucho progre que sale en defensa de esta gente, porque no viven al lado de sus casas o sus ciudades, que si no te digo yo a ti. No es racismo ni nada. Lo que no se puede permitir es que España sea un refugio de toda persona que no quieran en otros países, para que no nos llamen racistas. Venga hombre. ¿Cuándo gobernará un presidente como el francés o el italiano? ¿Cuándo?".

Y el segundo, por su parte, proponía:

"Hagamos un referéndum en España. Nadie los quiere cerca. Absorben todos los servicios sociales, allá donde estén, con la excusa interminable de la integración. Viviendas sociales, ayudas...en mi ciudad tienen viviendas unifamiliares en la puerta de la estación del AVE, donde una vivienda libre no baja de los 310.000 euros. Eso sí, hay que ver como las tienen (de sucias y descuidadas, digo). Pero no pasa nada, seguro que se las pintan gratis."

Para el racismo no existen fronteras. La lectura de estos dos párrafos me ha llevado, a pesar mío, a recordar palabras y comentarios de este tipo que pude oír en Francia durante mi niñez. Al acabar la guerra, nuestra guerra, junto a otros niños extranjeros, oí decir repetidas veces en la escuela, a mis compañeros de clase -con los que acabé a mamporros en más de una ocasión, "que habíamos venido a Francia a comerles el pan". Eran críos como yo, y no hacían más que repetir lo que oían en sus casas. Allá por los años 60, varios compañeros españoles y franceses fuimos detenidos en Paris y llevados a la Comisaría por habernos manifestado en un teatro público, el TNP, contra la presencia de los Coros y Danzas del Frente de Juventudes (Falangista). Enfurecido, un policía se encaró conmigo y me dijo que porqué no nos íbamos a manifestar a la España de "Franco". Al contestarle que lo hacíamos porque estábamos en el país de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, me soltó un bofetón. Me abalancé sobre él y fueron sus propios compañeros los que nos separaron.

No quisiera caer en el anecdotario personal. Simplemente recordar que en los períodos de crisis, azuzado o no por políticos de la catadura moral de Sarkozy, es bastante corriente que el hombre de la calle sucumba a la xenofobia y al racismo. Felizmente, existe otra Francia que la de los políticos, cínicos y oportunistas como Sarkozy, o abiertamente fascistas como Le Pen. La que desfiló en numerosas ciudades de aquel país para protestar contra la política represiva, excluyente y bajamente oportunista del Presidente de la República. Esa es la Francia con la que podemos sentirnos identificados.

Las ideas y opiniones que reflejan las cartas de esos dos lectores las hemos oído, repetidas mil veces, en la propia Francia contra otro chivo expiatorio: el “árabe”. El árabe, antiguo "súbdito" francés, al que muchos no perdonaban la pérdida, al término de una cruenta guerra de independencia, de una de las "provincias" francesas de ultramar: Argelia. Pese a que, por decenas de miles, emigraron más tarde a Francia y le brindaron a ese país, al término de aquel conflicto, una mano de obra abundante y barata. En el rechazo hacia los árabes, antecedente del rechazo actual a los gitanos y en general a los emigrantes, se expresaban muchas de las frustraciones de los propios trabajadores franceses. Los árabes, decía en aquellos años la "vox populi", "arruinan a la Seguridad Social (aserción completamente falsa), son sucios, no son de fiar, tienen prioridad sobre los franceses para obtener pisos", etc., etc. Fueron ellos, sin embargo, los que contribuyeron a levantar la economía y los que aceptaron los trabajos más duros y peor remunerados que no querían hacer los franceses. Como sucedió más tarde con los emigrantes en España, durante los años de expansión económica.

Ponemos un término a este artículo dando un consejo desinteresado a esos "foristas" y a los que comparten sus opiniones. Vamos hacia una crisis, estamos ya inmersos en ella, como jamás la conoció la humanidad. El sistema económico y político dominante en el mundo es un monstruo frío que exigirá cada vez más víctimas y más sacrificios. A pesar de todos los brotes tiernos, todas las señales imperceptibles de recuperación de la economía que nos anuncian, todas las ruedas de molino que nos quieren hacer tragar los servidores de ese Sistema.

¿Os sentís inseguros porque los gitanos representan una amenaza y eso no os permite ver el peligro que se cierne sobre vuestras vidas?... También a vosotros os puede llegar el turno de tener que atravesar una o varias fronteras. En el mejor de los casos, os veríais obligados a emigrar a algún país de Europa. Sabréis entonces lo que es vivir esa experiencia-límite, extremadamente dolorosa: la del exilio o de la emigración forzosa. Os hallaréis en un país del cual, será lo más probable, desconocéis la lengua, lejos de los vuestros. Os tratarán como a extranjeros, al menos al principio. No seréis nadie, o casi nadie. Y de poco os valdrá invocar que sois europeos. Os servirá de muy poco. Más bien de nada. Y para sobrevivir, os tendréis que integrar.

1 comentario:

  1. Mañana los parados y los pensionistas, es decir, las 3/4 partes de la sociedad. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres...más desplazados, más pobres, más nadie. Así nos va.

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